domingo, 5 de julio de 2015

Pumuky - Justicia Poética (2015)


PUMUKY
Justicia Poética (2015)

No suelo hablar de discos actuales en el blog: normalmente tengo otros cauces para ello. Pero en el caso del último álbum de Pumuky siempre había alguien que se me adelantaba en cada medio con el que colaboro. Podría haber hecho lo mismo que con tantos otros discos que acabo por no reseñar, pero en este caso he querido hacer una excepción porque estamos ante el que, hasta la fecha, es mi disco nacional favorito del año. Y lo tenía que contar en algún sitio.

Pumuky es una banda que no ha tenido una trayectoria fácil, con cambios de formación, de ubicación y en parte de estilo también. Formada alrededor de los hermanos Jair y Noé Ramírez, en la actualidad la completan Adán Zeus y Daniel Benavides. Desde 2003 cuando consiguieron ser la mejor maqueta del año para Disco Grande de Radio 3, y desde 2006 cuando salió su primer disco ("Viaje al país de las tormentas"), no han dejado de crecer en cuanto a valoración de la crítica y público, así como en calidad. Sin embargo, por algún extraño motivo, no acaban de dar el salto final, corriendo el riesgo de quedarse como uno de esos nombres respetados por todos, casi "de culto", pero sin llegar a ese éxito comercial masivo que todos ansían. Bueno, en realidad el motivo no es tan extraño: Pumuky son demasiado buenos para lo que ahora se lleva.

Si con "El bosque en llamas" (Jabalina, 2009) parecieron llegar a su cima creativa, y en "Plus ultra" (Jabalina, 2011) dieron un giro hacia terrenos quizás más asequibles y menos convulsos sobre todo respecto a sus primeros trabajos, en Justicia Poética (Jabalina, 2015) la nueva propuesta se consolida y genera una cohesión sonora que crea una identidad nueva. ¿Su mejor disco? Tal vez, para mí desde luego lo es, pero en lo que estaremos casi todo de acuerdo es en que se trata de su trabajo más arriesgado y a la vez homogéneo. Haciendo de la necesidad virtud, reaccionaron a la ausencia de un batería apostando por las cajas de ritmo y las programaciones, en un movimiento a priori suicida para esa especie de slowcore / post-rock que venían practicando. Sin embargo la jugada les ha salido magistral.

Las canciones fluyen como la lava surge del volcán, poco a poco pero inexorable y destructiva. Las letras son demoledoras, y los ritmos sintéticos están diseñados de forma que generan un ambiente opresivo en consonancia con aquellas. No hay estribillos al uso, ni crescendos eufóricos, ni cambios de ritmo brutales, pero de manera sorprendente se consigue siempre esquivar a la rutina cada vez que se asoma amenazante. Las canciones están pensadas para generar un ambiente, bien a través de una hipnótica voz monocorde que va cambiando ligeramente de tono para crear la sensación de avance, bien incrementado el protagonismo de las guitarras cuando corresponde, o usando los propios ritmos sintéticos para conseguir efectos creativos muy interesantes además de inquietantes.



Temas como "Taniyama-Shimura" ejemplifican muy bien este proceso de diseño. En él encontramos todas esas características mencionadas, que en conjunto lo hacen fluir como un río sin necesidad de abusar de los contrastes entre remansos de paz y aguas bravas, algo muy socorrido en otros discos y grupos de similar estilo. El resto de canciones siguen rutas similares, cada una con sus particulares señas de identidad: en algunos momentos podemos evocar a Family (el grupo español), otras a Nudozurdo, en ciertos pasajes a los últimos discos de Talk Talk, y la mayoría de veces a los Cure más oscuros y opresivos. Pero todo ello, insisto mucho porque quizás sea lo más complicado, creando una identidad propia y sin imitar a nadie.

Tiene mérito hacer un disco con diez canciones de estructura muy similar, usando cajas de ritmos y programaciones que en algunos casos parecen recurrentes, optando por la creación de ambientes y sensaciones más que por la inmediatez, y conseguir que cada escucha sea diferente, que desvele nuevos matices y que el viaje no resulte nada aburrido. Hay que tener talento, y aquí lo hay a raudales. Y un gusto exquisito para las programaciones y la generación de efectos electrónicos.

En resumen: un gran disco. Insisto en que, para mí, de lo mejor del año hasta ahora.

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