domingo, 23 de noviembre de 2014

David McWilliams - The days of Pearly Spencer

Los que habéis seguido el blog sabéis que siento enorme atracción por los llamados "one-hit wonder", esos artistas oscuros, sin éxito, que de repente consiguen crear un tema intemporal e inmortal, en un golpe de inspiración que no volverá a repetirse en todo el resto de su carrera. De alguna forma parece como si el hecho de que existan esos puntuales picos de talento, en vidas más o menos vulgares, nos animara a seguir adelante con las nuestras.



Uno de esos artistas poco conocidos que, en un momento dado, consiguieron gran notoriedad debido a una canción, es David McWilliams. Nacido en Irlanda del Norte el 4 de mayo de 1945, el día en que la mayoría de las fuerzas alemanas se rendían a los aliados, en su infancia estaba tan interesado por tocar la guitarra como por jugar al fútbol. De hecho llegó a probar con algún equipo de la primera división norirlandesa. Sin embargo, finalmente la música ganó la batalla. Con 20 años empezó a mover algunas de sus canciones hasta que en su camino se cruzó todo un personaje, también de Belfast pero afincado en Londres: se trataba de Phil Solomon, fundador de la discográfica Major Minor Records (cuyo mayor momento de gloria fue la distribución del single "Je t'aime...moi non plus" de Serge Gainsbourg y Jane Birkin), director de la radio pirata Radio Caroline y uno de los impulsores de la carrera de Them, el grupo en el que empezó Van Morrison.



En primer lugar Solomon intentó contratar a David McWilliams para CBS, y consiguió que le publicaran un single que no tuvo mucho éxito: "God and my country". Pronto, sin embargo, el hombre de negocios fichó al cantante para su propio sello, donde lanzó un primer LP con un título bastante poco original: David McWilliams singing songs by David McWilliams (1966). Nada especial, aunque llegó al top-40 británico. El escaso éxito no desanimó a la pareja, que se embarcó casi inmediatamente en la grabación de un segundo LP, de nuevo con un título muy imaginativo: David McWilliams (1967). El álbum funcionó algo mejor, entrando en el top-25, pero tampoco supuso un gran avance en su carrera.



Sin embargo, en ese segundo álbum había una canción sobre un mendigo de Ballymena, una ciudad de Irlanda del Norte, que se publicó inicialmente como cara B de uno de los singles pero que pronto empezó a radiarse mucho más que la cara A, sobre todo en Radio Caroline. A pesar de que en Inglaterra no tuvo un gran éxito, en la Europa continental se convirtió en un tema muy popular (número 1 en Francia y en Holanda) y llegó a vender más de un millón de copias. El tema en cuestión era "The days of Pearly Spencer", una canción muy de la época, con toques psicodélicos, arreglos orquestales cortesía de y efectos sonoros ciertamente arriesgados, como el filtrado de la voz a través de una especie de teléfono o megáfono en algunos pasajes, con un raro efecto que podría ser una especie de antecedente de lo que más tarde se llamó "lo-fi".



La pena es que en Inglaterra la BBC no apoyó demasiado el single, posiblemente por tener cuentas pendientes con las radios piratas, alguna de las cuales, como hemos visto, tenía una gran relación con el productor del tema. A pesar de ello la popularidad de "The days of Pearly Spencer" fue creciendo con el tiempo, sobre todo después de que Marc Almond grabara una versión de la canción en 1992. Por cierto, en España también hubo versión de la canción a cargo de una gran estrella: Ana Belén. En castellano y con otro nombre ("Vuelo blanco de gaviota"), eso sí.



Como suele suceder, David McWilliams no volvió a conseguir ningún éxito reseñable en toda su vida. Una vida que terminó en el año 2002, a los 56 años. Un nombre más que añadir a la lista de lo que podríamos llamar "ilustres perdedores" de la historia de la música. Y una canción que añadir a la lista de temas míticos que deslumbran por su rareza, por aparecer como una estrella fugaz en un cielo negro, por surgir de donde nadie esperaba nada, y de donde nada similar volvería a brotar. 
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