domingo, 6 de abril de 2014

Ensayo (cutre) sobre la felicidad


Desde hace un tiempo la felicidad me persigue. En conversaciones con amigos, en los libros, en la tele, en la música, en todos los sitios. La felicidad está de moda. Supongo que en los malos tiempos la gente ansía más ser feliz, y siempre hay alguien dispuesto a aprovecharse de ello. No hay más que analizar la publicidad que vemos en televisión: en general casi todos los anuncios que tratan de vendernos algo apelan a nuestra necesidad de ser felices. Ya sólo faltaba que hubiera un Día Mundial de la Felicidad, y resulta que lo hay: fue justamente la semana pasada. 

Pero... ¿Qué es la felicidad? O incluso más importante: ¿En qué consiste ser feliz? Mal lo tenemos para dar una respuesta válida, cuando gente tan cabal y preparada como los antiguos griegos no se ponían de acuerdo: para Aristóteles la felicidad estaba dentro de uno mismo, para los epicúreos se hallaba en el placer, mientras que los estoicos la encontraban precisamente en el desprendimiento de cualquier anhelo de placer, en no depender de nada ni de nadie. Para acabar de arreglarlo, Platón propuso que la felicidad se alcanzaba en toda su plenitud después de la muerte. A esta última corriente se apuntaron las religiones de todo el mundo para evitar que sus fieles se rebelaran ante las adversidades: cuánto más sufras en este mundo, más placer obtendrás en el más allá. The Great Rock'n'Roll Swindle. Bueno, en realidad hay una excepción: el budismo tiene más en común en realidad con el estoicismo, desde el momento en el que propugna evitar el compromiso y el ansia de placer.


Bobby McFerrin. ¿Un epicúreo moderno?

En lo que todos parecen estar de acuerdo, desde Aristóteles a Montaigne, desde Pascal hasta Camus, es que el deseo de encontrar la felicidad es consustancial al ser humano. Eso, que muchos pueden interpretar en el sentido de que la felicidad es un derecho fundamental, en realidad lo que significa es que el ser humano tiene el derecho, y también el deber, de intentar ser feliz, aunque nunca llegue a serlo plenamente. En realidad el debate podría centrarse perfectamente en dos o tres palabras: ser, estar, plenamente. ¿Se es feliz, o se está feliz? ¿Puede ser la felicidad un estado duradero en el tiempo, incluso permanente? Según la filosofía oriental, la respuesta es que sí. Claro que para ellos la felicidad es un estado de bienestar prolongado, más que una situación coyuntural de alegría o satisfacción intensa, mientras que en Occidente tendemos a relacionar la felicidad justamente con esos estallidos pasajeros de euforia, que por definición no pueden durar mucho. Es la eterna discusión entre los que defienden que la felicidad se alcanza superando metas y realizando anhelos, y los que identifican la felicidad con un estado de aceptación, casi de resignación.


Rocky Sharpe y sus Replays repartían felicidad durante un par de minutos


Sin embargo sería muy simplista afirmar que la filosofía oriental y la occidental tienen un punto de vista diametralmente opuesto respecto a la posibilidad de ser feliz. Muchos autores occidentales han defendido una postura similar a la que Confucio, uno de los pilares del pensamiento oriental, expresaba en su frase "Sólo puede ser feliz siempre el que sepa ser feliz con todo". Por supuesto, empezando por los estoicos ("No pretendas que las cosas ocurran como tu quieres. Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz"). Tampoco hace falta llegar al extremo de Séneca ("La verdadera felicidad no consiste en tenerlo todo, sino en no desear nada"). Claro que se pueden desear cosas, es incluso necesario, por lo que encuentro preferible la posición de Sartre ("Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace") y también la de los primeros pensadores estadounidenses, como Benjamin Franklin ("La felicidad no se produce por grandes golpes de fortuna, que ocurren raras veces, sino por pequeñas ventajas que ocurren todos los días") o Ralph Waldo Emerson ("El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar lo que se obtiene"). 

Por supuesto, si hablamos de pensadores norteamericanos no podemos olvidar al gran Groucho Marx, que estaba de acuerdo con sus antecesores en el hecho de que la felicidad está hecha de pequeñas cosas ("Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna...") Qué grande Groucho...

Siempre mirando el lado positivo de la vida...

Luego están los cenizos de siempre. Y no, no voy a meterme más con las religiones, prefiero quedarme con una frase de Juan XXIII, un Papa con ideas nuevas: "he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también". No, me refiero más bien a pensadores científicos, e incluso ateos, que niegan incluso la más mínima posibilidad de alcanzar la felicidad ni siquiera de manera efímera. Es famosa una frase de Sigmund Freud, muy usada con posterioridad: "Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo". ¿Entonces es incompatible ser inteligente con ser feliz? Mucho se ha escrito sobre ese tema. Fernando Sabater no estaría de acuerdo con Freud, y lo describe de forma brillante: "El secreto de la felicidad es tener gustos sencillos y una mente compleja, el problema es que a menudo la mente es sencilla y los gustos son complejos". Nietzsche, sin embargo, va incluso más lejos que el inventor del psicoanálisis y se sitúa como uno de los padres de la teoría de la infelicidad perenne, según la cuál el ser humano no fue creado para la felicidad, sino para el sufrimiento. Para tratarse del autor de la frase "Dios ha muerto", me parece una tesis sospechosamente cercana a la defendida por el catolicismo más ortodoxo y estancado...


The Replacements: eternos insatisfechos

Al final mi opinión es que, como en casi todo, en el hecho de ser feliz o no serlo, o mejor dicho, en la apreciación que tenemos sobre la felicidad o infelicidad que dominan nuestras vidas, tienen que ver sobre todo la biología y la química: neurotransmisores, el sistema límbico, el hipotálamo, las catecolaminas, el metabolismo cerebral, los psicofármacos... Todo está dentro de nosotros, dentro de lo que somos después de millones de años de evolución. Abraham Maslow, en el diseño de su famosa pirámide sobre la jerarquía de las necesidades humanas, deja bien claro que lo que el cuerpo nos pide es cubrir las más básicas: respiración, alimentación, descanso, sexo y homeostasis. Las necesidades cuya satisfacción es esencial para la vida, las que hemos perseguido insistentemente durante, como he dicho antes, millones de años. Todo lo demás es invención moderna: ¿empleo? ¿propiedad privada? Cuéntenselo a los hombres de las cavernas, cuyo principal objetivo era sobrevivir hasta la mañana siguiente. Pero claro...una vez satisfechas las necesidades básicas nuestro cerebro es incapaz de asumir la situación y va creando más y más necesidades nuevas: confianza, respeto, éxito, reconocimiento, realización... No es extraño que en la época en la que, seguramente, más gente tiene solucionados los problemas primarios, sea también la época de las enfermedades mentales, las depresiones y la ansiedad. El cuerpo humano está diseñado para la supervivencia, no para la felicidad. La buena noticia es que, ya que la satisfacción plena es una situación teórica, irreal, podemos usar nuestro cerebro para recrearla como si en realidad estuviésemos inmersos en ella. De eso parece tratar la denominada Psicología Positiva


¿Estarán ya satisfechos los Stones, después de tantos años?

De hecho, parece que desde hace ya algunos años tenemos las claves científicas para ser felices. Y parece que la ciencia está de acuerdo con mi intuición: dicen que "El bienestar depende de la genética, pero la manipulación es posible". ¡Genial! Ahora sólo falta aprender a conseguir que la parte positiva de nuestro cerebro sea capaz de convencer a la parte negativa de que, cubiertas las necesidades básicas y en ausencia de situaciones graves como pérdida prolongada de empleo, enfermedades graves, etc., podemos no sólo estar felices sino incluso serlo de manera más o menos permanente. 

Y para terminar, ahí van quince canciones para ayudarles a ser un poco más felices, al menos por un rato. Y recuerden, si es posible, always look on the bright side of life.


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