domingo, 16 de marzo de 2014

Barry Ryan - Eloise (1968)


En Inglaterra en los años 50 había una cantante llamada Marion Ryan que, sin ser nada del otro mundo, se benefició de la falta de estrellas femeninas que había en las Islas por aquellos años hasta el punto de que la prensa británica, ya entonces tan tendente a la exageración, la lanzó como la "respuesta británica a Marilyn Monroe". En realidad, era otra cantante más que se dedicaba a lo que casi todos entonces: hacer versiones de éxitos de la música popular americana. Su mayor triunfo fue una versión del estándar "Love me forever" que llegó hasta el puesto 5 de las listas de éxitos en 1958. Lo cierto es que la canción es bonita y muchos han sido los que han probado suerte con ella. Sin ir más lejos,  Los Cinco Latinos realizaron su propia versión en castellano con el nombre de "Quiéreme siempre".


Diez años antes de ese gran éxito, Marion Ryan se había casado con el productor Lloyd Frederick Sapherson. De ese matrimonio nacieron una niña y dos gemelos: Barry y Paul. Los dos críos pronto manifestaron su interés por la música. El millonario emprendedor, promotor y productor americano Harold Devison se quedó prendado de los chicos (y de su madre, con la que se casaría en 1969), y se los presentó a Frank Sinatra. Entre ambos consiguieron que, en 1965, los fichara la compañía Decca y los lanzara como Paul & Barry Ryan. Con ese nombre publicaron algunos singles como "Don't bring me your heartaches", una canción bastante interesante con un pegadizo estribillo, muy de la época. 



Según los gemelos iban alcanzando mayores éxitos, Paul empezó a tener problemas para lidiar con el mundo de la fama. Estar siempre expuesto al público le produjo una situación de gran estrés, de manera que finalmente realizó una maniobra en plan Brian Wilson y se retiró de las actuaciones públicas para dedicarse únicamente a componer. Por supuesto eso supuso el fin del dúo como tal, y el lanzamiento en solitario de Barry Ryan. También supuso el cambio de Decca a MGM Records, anticipando el éxodo de artistas (con los Stones a la cabeza) que desangró Decca a principios de los 70.

Lo cierto es que Paul Ryan no fue un compositor destacado. A principios de los 70 compuso un par de canciones para su padrino musical, Frank Sinatra, que tuvieron algo de éxito en Inglaterra. Pero en 1968 le sobrevino ese momento de inspiración que tanto me fascina, ese minuto en el que a un tipo normal, sin grandes dotes compositivas, se le aparece una visión y le chiva una canción que resistirá el paso del tiempo. Sí, el mundo de la música ha dado grandes compositores, enormes (Lennon & McCartney o Dylan, por mencionar un ejemplo de cada lado del charco), pero a mí siempre me han atraído esos otros creadores que, a lo largo de toda una vida de trabajo oscuro, tuvieron únicamente un momento de brillante inspiración que les llevó a crear una canción que, a la postre, resultaría infinitamente más conocida que el nombre de su hacedor. Es el caso de Paul y la canción que compuso para su hermano en 1968: "Eloise".

Gran parte del éxito de la canción se debe a su producción. Todo en ella es grandilocuente: desde la voz de Barry Ryan, pasando por la orquestación, la duración del tema... Empieza ya a lo grande, con la orquesta descargando todos sus instrumentos a la manera del muro de sonido de Spector, y la voz de Barry en tonos altos desde el principio. Y desde ahí ya no hay cuesta abajo, salvo un interludio justo a la mitad de la canción en el que sólo quedan los violines y un coro sirviendo de apoyo a un más comedido cantante. Un intervalo de apenas un minuto tras el que, como una explosión, se recupera la descarga épica hasta desembocar en un alocado final, con Barry gritando, aullando, mientras la orquesta parece enloquecer y todo se va difuminando hasta desaparecer en la distancia. Ese estilo de canción larga y épica con partes diferenciadas, unas más roqueras y apasionadas junto a otras más tranquilas y reflexivas o clásicas, sería repetido hasta la saciedad en los 70, con temas como "Bohemian Rhapsody" o "Stairway to heaven" como abanderados. Pero fue Paul Ryan, en un enorme momento de inspiración, el primero que dio en el clavo. 


Hoy casi nadie se acuerda de Paul Ryan, que murió en 1992, a los 44 años, de un cáncer. Algunos más, pero no muchos, se acordarán de Barry Ryan, si no de su nombre al menos de la canción que lo hizo pasar a la posteridad. Por cierto, Barry acabó casado con una princesa malaya, hija de un sultán exiliado a Inglaterra tras la independencia del país, y desde mediados de los 70 está semiretirado, apareciendo sólo en ocasiones y casi siempre para recordar a la inmortal Eloise. Casi cuatro millones de copias vendidas tienen la culpa.

Lo que casi seguro que más gente recuerda es que el malogrado Tino Casal hizo una versión del tema, en castellano, que tuvo mucho éxito en nuestro país.


  


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