domingo, 15 de noviembre de 2009

KC and The Sunshine Band.


Cuando se habla de la éra dorada de la música disco, entre 1975 y 1979 más o menos, casi siempre se mencionan los mismos nombres. Casi todo ellos, exceptuando a los grandes Bee Gees, son americanos y negros. Es así porque la música negra, lógicamente, está en la raíz de todo el movimiento y la cultura "disco", que además floreció en los clubes de los Estados Unidos, principalmente en Nueva York.

Hay sin embargo un nombre que pocas veces se menciona, y es que eran un grupo raro. Para empezar el líder era blanco, pero es que encima provenían de la soleada y húmeda Miami. Nada de oscuros clubes ni de ritmos machacones, lo suyo era la luz y la mezcla del funk con los ritmos caribeños. No sé si inventaron algo o si fueron pioneros, pero creo que hay muchos estilos que florecieron entre los 70 y los 80 que le deben bastante a esa anomalía llamada KC & The Sunshine Band.

El grupo empezó como muchos en aquella época: Harry Casey era un trabajador de una tiendas de discos de una ciudad de Florida. Soñaba con ser artista, y frecuentaba TK Records por su trabajo, pero también para observar como funcionaba el mundillo. Sus influencias musicales estaban claras: el funky, el sonido Philadelphia que llegaba desde el norte, y la música caribeña que llegaba desde el sur. También tenía sus ideas, aunque eran un poco raras: trabajando en la tienda notó que los clientes buscaban discos de los que no conocían el título, así que decidió que una canción de éxito debería repetir el título de forma machacona. A veces de la tontería más simple puede surgir todo un subgénero musical...

Sus primeras canciones como KC & The Sunshine Band, junto al productor y bajista Richard Finch, tuvieron cierta repercusión, aunque principalmente a nivel local. Posteriormente añadieron algunos miembros fijos a la banda con la idea de expandir un poco más su sonido. Un día, mientras el grupo improvisaba en el estudio de TK Records, obtuvieron como resultado un instrumental entretenido, un medio tiempo bailongo y suave, al estilo de los éxitos de Barry White. No tenía letra todavía, y ni siquiera habían pensado que aquello pudiera convertirse en una canción. Pero por allí pasaba George McRae, otro habitual de la compañía, que escuchó la demo. Le gustó, entró al estudio y entre todos en un momento prepararon una letra para la canción. KC y su colega no alcanzaban las notas más altas tal como las habían creado, así que le propusieron a McRae que la cantara él mismo. Era 1974, y todo sucedió en pocos minutos, pero el resultado ha pasado a la posteridad.





Espoleados por el éxito que tuvo su composición, Casey (KC) y su compañero Finch montaron la banda definitiva, con muchos músicos, instrumentos de viento, trajes de lentejuelas, y todo lo que hiciera falta para conseguir el éxito para ellos mismos. Su primer disco, lanzado tal vez precipitadamente antes de acabar 1974, no tuvo demasiado éxito. Pero durante los siguientes meses crearon unas cuantas canciones más en la misma línea, las pulieron en sus actuaciones, y lanzaron en 1975 su segundo LP: "KC & The Sunshine Band". Tocados por la varita mágica de las musas, aquel disco incluía tres grandes pelotazos que les llevaron al triple platino, a sonar en todas las emisoras de música disco, y a alcanzar la inmortalidad musical a cargo de las radios oldies y los recopilatorios discotequeros: "That's the way (I like it)", "Get down tonight" y "Boogie shoes". El excepcional trabajo de Finch al bajo en estas canciones, escasamente reconocido, marcaría un estilo que segurían después grupos como Chic, por ejemplo.



Para crear ese tipo de canciones no hacía falta estrujarse mucho la cabeza (aunque sí para hacerlas tan adictivas, pero eso era su especialidad), así que en 1976 ya tenían otro grupo de apuestas ganadoras, entre ellas "(Shake shake shake) shake your booty" y "I'm your boogie man". Todas muy parecidas entre sí, todas geniales.



Luego su estrella, como casi todas las de la música disco, se fue apagando. Sin embargo, todavía tuvieron una oportunidad más para cimentar su pequeña leyenda, y de paso para darse a conocer a un pequeñajo de 13 años que, gracias a un amigo que se la pasó en una cinta, se enamoró de la canción que les llevó a ser el primer número uno de la década de los 80. Aquella canción era una balada. No, qué digo balada...para un jovencillo romanticón e impresionable como yo, aquello era...¡¡era un baladón!!. Era la lacrimógena "Please don't go". Sí, esa del remix que tuvo bastante éxito años después.



El grupo no tardó mucho en separarse. En los 80 sacaron alguna cosilla que pasó desapercibida. En los 90 por lo visto Harry Casey resucitó a la banda, y pasó a ser una estrella del circuito "oldies" de los Estados Unidos. Hay por ahí actuaciones suyas recientes, con muchísimos kilos de más y escaso glamour, pero que no tienen por qué empañar la excelencia de lo que crearon en su momento. Un grupo para la pequeña y gran historia de la música de los 70.
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