viernes, 11 de septiembre de 2009

Días de caos

Hola a todo el mundo.

En los últimos 15 días he sentido el impulso, al menos en cinco ocasiones, de venir aquí a despedirme y dar por cerrado el blog. Pero cada vez que he tenido la tentación he pensado que no, que ya vendrían días mejores.

Y es que empieza el curso, y además este año con cambio de centro después de 5 años. Casi un empezar de nuevo, volver a aprenderlo todo. Estimulante, sí, pero también estresante y agotador mentalmente. Al menos para mí, una persona poco dada a los cambios.

Así que estos días no han sido los mejores para mí. No, no es depresión postvacacional, eso es una enfermedad de las muchas que se ha inventado la psiquiatría moderna para asegurarse la clientela. Es normal sentirse deprimido cuando terminan las vacaciones, salvo que uno disfrute más trabajando que tumbado en la playa, lo que no es mi caso. Y, salvo que alguien me convenza de lo contrario, no es lo mismo sentirse deprimido que tener una depresión.

En fin, que entre unas cosas y otras mi estado de ánimo no es el idóneo para sentarme a escribir un post como los que a mí me gustan.

El lunes empiezan por fin las clases. En unos días me haré cargo de la situación, veré si hay mucho trabajo, poco, demasiado...y conseguiré lo que yo necesito para poder seguir adelante con mis cosas: una cierta rutina y estabilidad mental. O al menos eso espero.

Lamento mucho estas semanas sin dar señales de vida. También lamento profundamente no haber podido dedicar un rato a escribir algo sobre la recientemente fallecida Ellie Greenwich. Ella se merecía algo más que colgar un vídeo y escribir dos párrafos, y no me he sentido capaz de rendirle el homenaje que requería un talento de su calibre.

Al menos, a modo de triste y cutre despedida, oiremos una vez más su archifamoso himno adolescente (ya, no era exclusivamente suyo, pero no nos engañemos: una canción así sólo la podía parir una mujer).




No me borren todavía de sus RSS, feeds o como se llamen esos inventos diabólicos. Volveré. Y no creo que tarde demasiado, aunque nunca se sabe.

Un abrazo.

Fidel
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