domingo, 2 de agosto de 2009

Espejos y cumbres borrascosas.

Hola a todo el mundo.

Si buscan en Internet la expresión "Estado mental alterado" (o "Altered mental state"), encontrarán multitud de páginas de información médica, diagnosis, síntomas, características y demás definiciones y explicaciones científicas. En algunas de ellas se puede leer un largo listado de las causas que pueden inducir un transtorno mental de ese tipo: desde el alcohol, los sedantes o las drogas hasta enfermedades como la neumonía o la meningitis.

Es bien sabido que en los 60 la música y las sustancias estupefacientes formaban un fenomenal equipo en lo que se refiere a alteraciones mentales. La época hippy, el verano del amor, la psicodelia...Todo aquello, como seguro sabrán, acabó bastante trágicamente en 1969 por diversas causas. Desde entonces, y cada vez más, las drogas son vistas como algo dañino, perjudicial, prohibiendo y metiendo en un mismo saco todas las sustancias que pueden influir de alguna forma en nuestro estado mental. Seguramente ganamos en salud lo que perdemos en otras cosas, pero ese es otro tema.

En ocasiones, es suficiente con escuchar una canción para saltar al otro lado. Mundos mágicos, hechiceras, dragones y mazmorras, guerreros, caballos alados, hadas y princesas...todo eso nos espera al otro lado de un espejo al que muchas veces rehusamos mirar por miedo.

Entre 1978 y 1979 viajé en sueños decenas de veces al otro lado del espejo. Con 12/13 años, una infancia difícil y una personalidad atormentada, enamoradiza e imaginativa, sólo hacía falta algún pequeño estímulo para disparar mis particulares estados mentales alterados. En ellos vivía vidas en las que mis problemas personales desaparecían y me convertía en la persona que jamas fui ni me acercaré a ser. Me convertía en el yo soñado, tomaba las riendas de mi vida, aunque sólo fuera durante 3 ó 4 minutos.

Por entonces apenas entendía nada de inglés, así que no sabía qué decían las canciones ni su significado, pero a veces era mejor así: dejar volar la imaginación, inventarte tu propia historia en la que eres el protagonista, decidir el final.

Dos son las canciones que recuerdo con más claridad, principalmente porque las sigo escuchando una y otra vez 30 años después. Y todavía ahora me siguen llevando a otros mundos, aquellos en los que puedo ser otra persona distinta.

¿O tal vez no? ¿Y si en esos otros mundos, en esos estados alterados de conciencia, cuando nos liberamos de las ataduras del pasado y cortamos con nuestra herencia genética, es cuando realmente somos nosotros mismos?



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