domingo, 5 de abril de 2009

La profesora de inglés.

La recuerdo como si fuera ayer, y eso que hace ya 28 años. Se llamaba Ana, y era mi profesora de inglés en 1º de BUP.

La mayoría de nosotros, por no decir todos, éramos de francés en la EGB. Pero en el instituto sólo se podía estudiar inglés, así que allí estábamos, en nuestro primer día de clase, con el susto en el cuerpo. Esperando a nuestra profesora de inglés.

Entonces entró ella con un montón de cachivaches. Nos miró, sonrió un poco, y se presentó mientras descargaba su aparatoso cargamento sobre la mesa. Su voz nos tranquilizó, y más todavía cuando vimos lo que estaba haciendo mientras nos hablaba: ¡montaba un tocadiscos!

Yo pensé que íbamos a enfrentarnos con uno de aquellos cursos de idiomas modernos que se podían comprar en cintas de cassette. Madre mía, no nos enteraremos de nada, pensé yo. Pero no...¡Ana nos iba a poner música! No recuerdo exactamente qué canción fue la primera que puso, pero a lo largo del curso al menos una vez cada semana la clase consistiría en escuchar una canción, intentar adivinar la letra, después ella escribiría la letra en la pizarra, la volveríamos a escuchar...

Entiendo que pueda parecer una tontería en el año 2009, pero os aseguro que en 1981 aquello era, al menos para mí, toda una novedad. No podía haber una clase más práctica, ni más cercana a lo que más me gustaba por entonces aparte del fútbol: la música. Aquello prometía un montón. Y así fue: las clases de inglés eran, con diferencia, las mejores y las más divertidas. Evidentemente estudiábamos también vocabulario, sintaxis y todo eso. Pero el día que llegaba Ana con su tocadiscos...¡¡era como una fiesta!!

De las decenas de canciones que escuchamos y aprendimos en aquellas clases, sólo recuerdo unas cuantas. Y de ellas, hay cuatro que me causaron una impresión tan penetrante que desde entonces no pasa un mes sin que las escuche de nuevo. Son cuatro canciones que me han acompañado en estos 28 años, que se me han hecho inseparables...más que inseparables, imprescindibles.

Esas cuatro canciones son estas:










Y después de escuchar, una vez más, estas cuatro canciones, no se me ocurre otra cosa más que decir. Creo que la belleza de todas ellas es suficientemente elocuente.

Bueno, una cosa sí quisiera decir. Gracias, Ana.
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