lunes, 24 de noviembre de 2008

Aquella cinta BASF.

Hola.

Supongo que sería en 1978, y me imagino que por estas fechas. Habíamos vuelto de pasar el verano en la montaña, pero todavía no era Navidad. Lo recuerdo porque mi regalo de aquel año fue una cinta original de cassette, una recopilación de los éxitos de la década o algo así.

Yo tenía 12 años. Mis amigos empezaban a comprar radiocassettes, algunos incluso con dos altavoces y sonido estéreo, pero en mi casa no se lo podían permitir. Mi contacto con la música se reducía a tres fuentes principales: la televisión, mis amigos y un pequeño transistor de bolsillo con el que podía escuchar por las tardes un programa que se llamaba "Cada canción un recuerdo".

Mi padre había comprado aquel verano un magnetófono con un micrófono, y de cuando en cuando grabábamos cosas en casa. A veces me hacía cantar, o me grababa jugando o riñendo con mi hermano sin nosotros saberlo. Después nos hacía escuchar la cinta y nosotros nos escondíamos rojos de vergüenza al oir nuestra propia voz en aquel cacharro.

Una tarde de aquel otoño se me ocurrió la idea. Le pedí permiso a mi padre para usar su magnetófono y una cinta vieja que no tenía nada interesante. Entonces me fui a mi habitación, entré en la cama, me tape con una manta para que no me molestaran los ruidos exteriores, y allí debajo enchufé el transistor, pegué el micrófono a su altavoz y me dispuse a grabar. Aquel programa, "Cada canción un recuerdo", consistía en gente que mandaba cartas o llamaba por teléfono pidiendo una canción con dedicatoria incluida. Así, mientras leían las dedicatorias me daba tiempo a decidir si grababa la canción o no. Además no las cortaban casi nunca, ni al principio ni al final. Me hice con una buena provisión de canciones que me gustaban, casi llené la cinta en dos o tres días.

Era una cinta BASF. Amarilla, con una banda negra. De 60 minutos. Recuerdo casi una por una las canciones que grabé: John Paul Young, Rocky Sharpe, Chicago, Boney M, Village People, Bee Gees, Patrick Juvet...

Grabé aquellas canciones y las escuché durante días. Las borré, y grabé otras. Así durante mucho tiempo. Después tuve otras cintas, y pocos años después me compré un radiocassette estéreo. Aquella cinta de BASF, sin embargo, me seguía acompañando, esta vez copiando canciones de amigos o grabando de las emisoras FM en estéreo que podía sintonizar.

Algunos años después se rompió y la tuve que tirar a la basura.

Ayer escuché esta canción y me di cuenta de lo mucho que echo de menos aquella vieja cinta amarilla.





También echo de menos esconderme bajo la manta y aislarme del mundo, solo con mi magnetófono y mi música.

Supongo que, en realidad, lo que echo de menos es tener 12 años.
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