domingo, 28 de septiembre de 2008

Las Shangri-Las ( I ).

A principios de los 60, hasta la llegada de los Beatles, la música pop era el reino de los grupos de chicas. El rock’n’roll estaba muerto y enterrado. El soul, el blues o el doo-wop eran música de negros y para negros. El country era un mercado aparte. El folk sólo interesaba, de momento, a los viejos, a algunos intelectuales neoyorquinos y a Bob Dylan. Los jóvenes norteamericanos, que a finales de los 50 empezaron a tener cierto poder adquisitivo, demandaban productos para ellos. Las clases dirigentes defensoras de la vieja moral que torpedearon y hundieron el rock’n’roll aprendieron algo, a pesar de todo: los jóvenes piden música que les hable a ellos, que les cuenten historias que podrían sucederles a ellos, que sean una crónica de su tiempo y su lugar.

Sin embargo, no estaban dispuestos a consentir más ChuckBerrys o LittleRichards. Se acabó hablar de sexo sin tapujos en las canciones. Sí, habría música para jóvenes que contaría sus historias, pero serían historias de amor, de desamor, de inocencia, de castas aventuras de colegio, de pequeños desencuentros con los padres que acaban arreglándose horas antes del baile de graduación. Todo muy puro, muy moralista, muy norteamericano.

El mercado se llenó de “teen idols” y de solistas como Ricky Nelson, Paul Anka, Frankie Avalon… Sólo Roy Orbison parecía mantener de alguna manera la llama del rock'n'roll. Pero las historias más melodramáticas, las que más impactaban a los adolescentes, las que hacían soñar bajo la colcha y suspirar ante la ventana abierta…eran las historias cantadas por los grupos de chicas.

En 1958, The Chantels consiguieron un importante éxito con “Maybe”. En 1961 las Shirelles llegaron al número uno con “Will you still love me tomorrow”. Phil Spector puso su mirada en los grupos femeninos, y al mismo tiempo en Nueva York había todo un edificio, el legendario Brill Building, repleto de compositores, músicos, cazatalentos, hombres de negocios, arreglistas y guionistas dedicados a abastecer el mercado de inofensivas historias juveniles. Eran los tiempos de “Baby I love you”, “Be my baby”, “Chapel of love” y otras grandes canciones que no podían hacer ningún daño a nadie.

La mayoría de grupos estaban formados por chicas de raza negra, hecho que muchas veces se ocultaba porque el objetivo estaba puesto en el mercado blanco, ese que había abrazado el rock’n’roll y se había quedado huérfano salvo que supieran bailar el twist o les gustaran los cuarentones como Sinatra.

Todo era tan pulcro, tan inocente, tan bonito…y entonces llegaron ellas.

Mary Weiss tenía apenas 14 años cuando creó un grupo musical con su hermana Elizabeth y las hermanas gemelas Marguerite y Mary Ann Ganser. Eran de Queens, NY, y no habían disfrutado de una excelente educación. Los primeros documentos sobre las gemelas Ganser hablan de unas adolescentes bastas, maleducadas, mal vestidas y mal habladas. Las hermanas Weiss no se quedaban muy atrás. Eran las típicas niñas que quedaban después del colegio para ensayar canciones, movimientos, pasos de baile, como hoy en día siguen haciendo tantas y tantas preadolescentes. Su cabezonería les llevó a conseguir alguna actuación en clubes de dudosa reputación, y finalmente un sello no menos sospechoso, Kama-Sutra Productions, les grabó un par de canciones. Empezaban a darse a conocer en los bajos fondos musicales, pero no tenían un nombre todavía. Un día, paseando por el barrio, levantaron la cabeza y vieron un restaurante: Shangri-La. Dicho y hecho, desde entonces se llamarían las Shangri-Las.

En 1964 tuvieron su golpe de suerte. Estaban en el lugar y momento adecuado para que un espabilado George “Shadow” Morton, que buscaba desesperadamente unas chicas para grabar una demo que había prometido a los jefazos del Brill Building, las encontrara. Sin mucha fe en aquellas desastrosas quinceañeras, las llevó a un estudio prestado, con músicos de sesión prestados (entre ellos Billy Joel) y una idea insana de lo que debía ser una canción de un girl group. Donde siempre se cantaba al amor, al desamor, a la felicidad, a la infelicidad…Morton quería que se introdujera un matiz oscuro, amenazador, violento; le gustaba crear canciones sobre relaciones turbias, amistades peligrosas, bandas juveniles de callejón infecto. Decidió, en suma, que la canción pop perfecta para los adolescentes debía cantar a la muerte. En el estudio, cuando Mary Weiss elevó su especial tono de voz de quinceañera para cantar “Seems like the other day, my baby went away…” Morton comprendió que tenía algo grande entre manos. También lo entendieron así en el Brill Building, aunque no las tenían todas consigo. La maqueta duraba más de 7 minutos, incluía un aterrador recitado en la voz del propio autor, la historia acababa de manera trágica…así que los genios de NY lo arreglaron en un periquete: recortaron la canción hasta los 2 minutos y poco, quedando en el aire el final de la historia. Una historia más de desamor. Pero seguía sonando tan amenazante…y tan rara...la voz de Mary, nada ingenua a pesar de su edad y de tener que cantar cosas como "la noche era tan excitante, su sonrisa era tan tentadora…”, la ausencia de un estribillo estratosférico como los de las producciones de Spector

Pero los adolescentes hicieron suya aquella historia de desamor y corazones destrozados, aupándola directamente al Top-10. Las Shangri-Las mascaban chicle, decían palabrotas y alucinaban con todo aquello. Morton se frotaba las manos. Los capitostes de Red Bird Records, su nuevo sello, ganaban pasta. Todos eran felices.

Había que aprovechar el momento, así que todo el equipo, con Jeff Barry, Ellie Greenwich y George Morton a la cabeza, se puso a trabajar en el nuevo single. “Remember…” seguía en el top-10, así que pensaron que no debían intentar algo parecido. La fórmula parecía clara: historia de amor/ruptura en ambiente pandillero y poco recomendable, y final trágico. Ah, y sin estribillo al uso. Sólo hizo falta algo de brainstorming y que alguien mencionara las motos tan de moda por entonces, y lo tuvieron: chica que se enrolla con el jefe de la pandilla de motoristas, amigas que le piden detalles, padres que obligan a la pareja a romper, y macarra motorista que en el fondo es muy sensible y del disgusto se estrella con su moto. Todo ello aderezado con esos efectos sonoros impactantes (la chica gritando “¡¡Cuidado!!”, ruido de cristales rotos…) y la entonación sombría de las Shangri-Las. ¿Podía triunfar una canción así? Pues sí, no sólo triunfó sino que llegó al número 1 de las listas norteamericanas desbancando al “Baby love” de las Supremes, en una especie de triunfo de las chicas del barrio frente a la sofisticación del soul norteño. Y en este caso, las chicas malas de barrio pobre…¡¡Eran blancas!! El mismísimo James Brown, que las tuvo de acompañantes en una de esas giras multitudinarias que se hacían en los 60, creyó que eran negras hasta que las vio con sus propios ojos. De hecho, la mayoría de las veces eran las únicas blancas en la gira.

Un error típico de las discográficas es querer forzar demasiado la maquinaria del éxito, y Red Bird no fue una excepción. Decidieron sacar más singles como fuera, y recurrieron a versiones que no pegaban mucho con el estilo del grupo. Además, cuando sacaron la siguiente canción original resultó bastante más ligera e inofensiva que sus anteriores sencillos. “Give him a great big kiss” era una canción bastante buena, pero no lo que el público esperaba. Por cierto, nuestros Burning tuvieron un considerable éxito con la versión que sacaron de esta canción a principios de los 80, si no recuerdo mal. La titularon “Es especial”.

Durante 1964 las Shangri-Las habían sido uno de los grandes grupos de pop. Una máquina de hacer dinero. Pero los últimos singles habían tenido escaso éxito. Dado lo rápido que había ido todo en aquellos meses, era de temer que el público las olvidara en poco tiempo y las sustituyera por otro grupo de chicas, o por los Beatles que empezaban a arrasar. Había que hacer algo.

Si lo que el público quería era drama, sangre y muerte, eso es lo que le iban a dar.

(continuará)




THE SHANGRI-LAS - Give him a great big kiss
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