miércoles, 8 de agosto de 2007

Trabucchelli: el Phil Spector latino

Hola.

En la historia del pop español de los 60 y primeros 70, maltratada historia por aquello de los prejuicios, hay varios nombres que siempre salen en las primeras páginas: principalmente Los Brincos, Los Bravos, Los Sirex, Los Mustang, y todos los grupos especialistas en canciones del verano, como Los Diablos, Formula V, etc. Con algo de suerte, también aparecen nombres menos recurrentes como Los Angeles, Los Módulos, Los Canarios, Pic-Nic, Pekenikes, Relámpagos… Ya con un poco más de suerte podemos encontrar a Lone Star, Los Mitos, Vainica Doble, Solera o sus herederos Cánovas, Adolfo, Rodrigo y Guzmán.

Hay, por contra, nombres que parece que no se pueden mencionar sin provocar algo de hilaridad: Karina, Raphael, María Ostiz, José Luis Perales o Mari Trini son algunos de los más vilipendiados. Supongo que por aquello de que a un artista siempre se le recuerda por lo último que ha hecho, el caso es que es bastante difícil encontrar alguien que hable de ellos en serio. A mí me gustaría hacerlo, y es por eso que, ahora que está a punto de cumplirse un año de su fallecimiento, quisiera dedicar unas líneas a recordar al artífice del éxito de muchos de los nombres que aparecen en este texto: el maestro Rafael Trabucchelli.

Rafael Trabucchelli, italiano de nacimiento y español de adopción desde su infancia, es uno de los nombres fundamentales del pop español. Y lo es porque sus canciones y arreglos contribuyeron a dar el paso decisivo que nos convirtió en un poquitín más europeos de lo que éramos a principios de los 60. Trabucchelli empezó como precoz intérprete y compositor de música ambiental, y con los conocimientos adquiridos durante su etapa ante los micrófonos consiguió pasarse al otro lado, entrando en Hispavox como director musical. El sello Hispavox, otro nombre a apuntar en la lista de reinvidicaciones pendientes, era, ya antes de su llegada, un combo galáctico a imagen y semejanza de la Motown o el Brill Building en los Estados Unidos. En la casa trabajaban talentos como Waldo de los Ríos, Manuel Alejandro o Augusto Algueró, y la llegada del italo-español supuso algo así como el pegamento que une a todas las partes y les da consistencia. Hay que decir, algo que hoy en día puede sonar a chino mandarín, que a Trabucchelli se le daba total libertad para hacer y deshacer, para contratar artistas o despedirlos, introducir o quitar arreglos, canciones y lo que hiciera falta; lo más chocante es que, en varias entrevistas que he leído, jamás insinúa que estuviera en absoluto condicionado por las cifras de ventas ni las listas de éxitos. En la actualidad, seguramente, un espíritu libre como el de Trabucchelli iba a durar en una discográfica menos que un telediario de los de antes (aquellos que sólo dedicaban al fútbol el tiempo justo y necesario, y casi exclusivamente los lunes).

Bajo su liderazgo, Hispavox introdujo en España a cantantes como Alberto Cortez, descubrió a otros como José Luis Perales, modeló a artistas como María Ostiz, Karina o Los Payos, y sacó lo mejor de otros como Solera (más tarde CRAG), Los Módulos, Los Ángeles, Raphael o Miguel Ríos.

Los arreglos de Trabucchelli le daban un toque especial a cada canción que creaba o que caía en sus manos. Un sonido nuevo y espectacular (el “Wall of Sound” hispano) que, poco a poco, fue tomando consistencia, calando en el público, y finalmente llegó a ser conocido como “sonido Torrelaguna”, el equivalente al “sonido Philadelphia” que estaba de moda por entonces, pero tomando prestado el nombre de la calle donde estaban enclavadas las oficinas principales de Hispavox. Entre los centenares (¿miles?) de canciones que, de alguna forma, se vieron beneficiadas por el toque mágico del maestro Trabucchelli podríamos destacar, por su fama, unas cuantas con las que se podría confeccionar un disco de grandes éxitos en castellano que quedaría bastante interesante:

Miguel Ríos – Himno a la alegría
Jeanette – Porque te vas
Karina – El baúl de los recuerdos
Karina - En un mundo nuevo
CRAG – Sólo pienso en ti
CRAG – Señora azul
Pic-Nic – Callate, niña
Módulos – Todo tiene su fin
Mari Trini – Yo no soy ésa
Johnny & Charley – La yenka
Paloma San Basilio – Beso a beso…dulcemente
José Luis Perales – Celos de mi guitarra
Los Payos – Maria Isabel









Con los arreglos acreditados a Waldo de los Ríos, de forma que es difícil de saber hasta que punto Trabucchelli intervino en ellas, tenemos otras magníficas canciones como:

Miguel Ríos – El río
Los Angeles – Mónica
Raphael – Yo soy aquél
María Ostiz – Un pueblo es
Miguel Ríos – Vuelvo a Granada
Alberto Cortez – No soy de aquí
Jeanette – Soy rebelde



Posteriormente Hispavox fue deslizándose hacia terrenos menos apreciados por Trabucchelli, que se fue desvinculando del sello poco a poco. Antes de hacerlo del todo, todavía tuvo tiempo de conseguir que se vendieran más de un millón de ejemplares del disco debut de Enrique y Ana, o de llevar al éxito algo tan improbable como la banda sonora de una serie de dibujos animados (“Érase una vez el hombre”). Después llegó Pedro Marín, la “movida”, la absorción por EMI, y el fin de una época.

Por falta de espacio y de conocimientos dejo fuera de la lista nombres menos conocidos, pero muy relacionados con Hispavox y Trabucchelli, como pueden ser Los Mitos, Tony Landa, Polos Opuestos o Los Bohemios. Definitivamente, la historia del pop español es apasionante y un campo abierto para la investigación y, sobre todo, para el disfrute personal.

Buenas noches.
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