miércoles, 22 de agosto de 2007

"Layla", o cuando amar duele

Quisiera decir, para empezar, que uno ha tenido la suerte de no tener amores no correspondidos. Bueno, alguno sí he tenido, pero para recordarlo debería remontarme a la incierta edad de la pelusilla, y sería discutible que aquello pudiera considerarse amor. Pero no he venido aquí a hablar de mí (que también, jeje) sino de un disco, más que un disco una maravilla, que es un compendio de todos los sentimientos, ilusiones, frustraciones, obsesiones y angustias que acompañan a un ser humano que ama a alguien que pasa olímpicamente. ¿Cómo lo sé, si no he tenido ese tipo de problema? Pues no sé explicarlo, pero tampoco he subido jamás en una nave espacial y flipo con Space Oddity, no he estado nunca en la cárcel pero me siento un prisionero más cuando escucho a Johnny Cash en Folsom Prison Blues, y, aunque tengo todavía 41 años, entiendo perfectamente lo que debe sentirse al pasar la frontera de los 50 mientras de fondo suena September of my years cantada por Frank Sinatra.

Pero menos rollo y entremos en faena. Hay momentos en los que todas las constelaciones del Universo entran en conjunción, los planetas se alinean, las galaxias dejan de expandirse y los cometas se detienen durante unos segundos. En esos momentos, aquí en La Tierra, hay algunas personas, pocas, casi unos elegidos, que tienen la facultad de crear Arte, con mayúscula. Son pocos segundos, así que hay que aprovecharlos. Y a veces, algunos, pocos, lo consiguen.

No creo que en 1970 Eric Clapton estuviera, digamos, tocado por la Fortuna. Sí en lo profesional: ha estado entrando y saliendo de diversas bandas durante casi toda la década, y ha alcanzado el éxito. Pero Eric no sonríe. La gente le considera un Dios, pero él quisiera confundirse entre los mortales y desaparecer. Todos le envidian, pero sólo hay una persona por cuyo afecto daría la vida, y esa persona está casada con uno de sus mejores amigos. Para olvidarlo, hizo lo que hubiéramos hecho casi todos: emborracharse y drogarse. Pero hizo también algo que seguramente ninguno de nosotros hubiésemos conseguido: juntarse con un desconocido grupo de soul blanco, empezar tocando canciones como entretenimiento, pasar a grabar algunas cosillas, escribir algunas canciones nuevas, y acabar escupiendo sus sentimientos en forma de disco, de uno de los discos más grandes de la Historia de la Música, una obra eterna, una wikipedia de la pasión, el deseo y la melancolía humana: “Layla and other assorted songs”. El grupo se llamó Derek (transcripción fonética que alguien hizo de “Eric”, y que a Clapton le vino de perlas para mantener, al menos al principio, el anonimato) and The Dominos.

El disco tiene un inicio engañoso con “I looked away”. Pero sólo por la parte musical, un medio tiempo distendido y amable. Sin embargo, las letras esconden la verdad:

Ella cogió mi mano
Y trató de hacer entender que siempre estaría allí
Pero volví la mirada, y ella se marchó de mi lado
Hoy estoy tan solo…

Y si es un pecado amar a la mujer de otro hombre, cariño
Creo que seguiré pecando hasta el fin de mis días.


Bell bottom blues” es otra canción de desamor, y esta vez la música acompaña al sentimiento. Es otro medio tiempo como el anterior pero más ralentizado, bluesero y desgarrador. Es una súplica hecha canción, es tragarse el orgullo, es arrastrarse ante la mujer amada pidiendo un día más de tiempo…

Do you want to see me crawl across the floor to you?
Do you want to hear me beg you to take me back?
I’d gladly do it because
I don’t want to fade away
Give me one more day, please


En la tercera canción, “Keep on growing”, parece que el ánimo repunta un poquitín. De hecho, empieza diciendo “I was laughing, playing in the streets…”, y las referencias al amor, que las hay, son menos amargas, más abstractas, con más indiferencia y pasotismo, o incluso con cierta confianza en el futuro: “Keep on growing, our love is gonna keep on growing…”

Pero era un espejismo, porque a continuación nos encontramos con una versión estremecedora de “Nobody knows you when you’re down and out”, la canción por excelencia de los derrotados. Qué puedo decir.

Once I lived the life of a millionaire,Spent all my money, I just did not care.Took all my friends out for a good time,Bought bootleg whiskey, champagne and wine.Then I began to fall so low,Lost all my good friends, I did not have nowhere to go.
I get my hands on a dollar again,I'm gonna hang on to it till that eagle grins.
'Cause no, no, nobody knows you When you're down and out.
In your pocket, not one penny,And as for friends, you don't have any.

He buscado un vídeo de esta magnifica canción, pero los que he encontrado son todos recientes, y en ellos se ve a Clapton cantando y al público dando palmas, y me han entrado ganas de...En fin, hay que joderse.

Como en una montaña rusa de emociones, pasamos del orgullo a la desesperación, y de ésta a un último intento por enternecer a la persona amada prometiéndole amor eterno, en “I am yours”.

I am yours, however distant you may be
There blows no wind but wafts your scent to me,

There sings no bird but calls your name to me.
Each memory that has left its trace with me
Lingers forever as a part of me.

Pero no parece dar resultado ninguno de los intentos. El objeto de deseo sigue impasible. Clapton lo vuelve a intentar con chulería, en “Anyday”. Le acompaña el gran Bobby Whitlock a las voces, y el resultado es que todos los demonios de la pasión no correspondida se desatan, abriendo la puerta de los infiernos. Puerta por la que se escapan versos como

To break the glass and twist the knife into yourself;You've got to be a fool to understand.
To bring your woman back home after she's left you for another,
You've got to be a, you've got to be a man.

Key to the highway”, si os fijáis, tiene un inicio que parece el final de una canción pero al revés. Es decir, parece que falte un trozo de canción, porque se oye como si hubiese empezado ya unos segundos antes. De hecho es así, por lo visto empezaron a improvisar un blues a partir de alguna canción que se filtraba desde el estudio contiguo, y cuando vieron que de aquello salía algo bueno empezaron a grabar con la canción ya empezada. No sé hasta qué punto será cierta la historia, pero ahí queda. Al mismo tiempo, la canción marca un punto de inflexión en el disco. Nuestro héroe se da por vencido, al menos eso parece. Empieza la huída, hacia delante, lejos, hacia ninguna parte.

Oh give me one, one more kiss mama
Just before I go,'Cause when I leave this time you know I,
I won't be back no more.

Al principio de dicha huída, como al principio del disco, se vislumbra un rayo de esperanza. Se masca esa euforia que uno tiene en las horas siguientes de cortar con su pareja, antes de que, al día siguiente, la realidad devuelva las cosas a su sitio. Ese rayo de esperanza está en “Tell the truth”.

The whole world is shaking now.
Can't you feel it?
A new dawn is breaking now.
Can't you see it?

Sin embargo, también como la principio, la alegría dura poco, y nuestro protagonista se arranca con una carrera desenfrenada y loca durante la que se pregunta insistentemente “Why does love got to be so sad”. Es evidente que, a pesar de la huída, no puede olvidar a la persona amada. Y es que no es tan fácil como parecía...

Like a moth to a flame,Like a song without a name,
I've never been the same since I met you.

Y si el blues es tristeza (aunque no siempre), una de las canciones que mejor encajan con el estado anímico al que nuestro protagonista ha llegado, a estas alturas del disco, es el blues “Have you ever loved a woman”. Con una letra, además, que parece escrita para la ocasión (evidentemente no es el caso, se trata de un blues bastante viejo, compuesto por Billy Miles, y que sonó bastante de la mano de Freddie King). Nuestro protagonista empieza a perder las esperanzas, y parece al borde del colapso sentimental.

Have you ever loved a woman So much you tremble in pain?
Have you ever loved a woman So much you tremble in pain?
And all the time you know She bears another man's name.

But you just love that woman So much it's a shame and a sin.
You just love that woman So much it's a shame and a sin.
But all the time you know She belongs to your very best friend.

Es verdad, ella pertenece a tu mejor amigo. Sí, ese tipo que es tan buen guitarrista. Pero no es mejor que tú, ¿verdad? ¡Demuéstralo! ¡Exacto, con una de Jimi Hendrix! “Little wing”, OK, es perfecta. Bueno, será difícil competir con Hendrix en velocidad, al fin y al cabo te llaman “mano lenta”, pero en sentimiento…hermano, en sentimiento, al menos en este disco, eres insuperable…

Well she's walking through the clouds With a circus mind that's running 'round.
Butterflies and zebras, fairy tales,That's all she ever thinks about.

Y bueno…lo hemos intentado de todas las maneras posibles, pero…”It’s too late”.

It's too late, she's gone. It's too late, my baby's gone.
Wish I had told her she was my only one. It's too late, she's gone.

Así que ya no queda ninguna posibilidad. La mujer amada se ha ido, haciendo caso omiso de todas nuestras súplicas. Sólo queda desolación y desesperación. Y de la desesperación, cuando se junta con el talento, hay veces que surge la magia. Debe ser eso que llaman “quemar las naves”, o “echar el resto”. Vaya, que cuando no hay nada que perder, sólo queda darlo todo y entregar hasta el último hálito de sentimiento que queda en uno. Y todo eso está en “Layla”. Que no te engañen sus múltiples escuchas en las radiofórmulas: estamos ante una de las canciones más emotivas, brillantes, catárticas, desesperadas, traumáticas, vertiginosas y alucinantes que jamás se han creado. El riff inicial es genial, a pesar de las numerosas veces que lo hemos escuchado. Ese riff, junto a la voz ya quebrada y desquiciada de Clapton, transmite esa sensación de que ya no queda nada por lo que luchar y sólo resta entregar el último aliento. Pero moriremos peleando y gritando el nombre de nuestra amada, aunque nadie nos escuche. Y seguiremos peleando y gritando mientras nos quede voz. Y una vez muertos, nuestra alma subirá al cielo, y nuestra voz callará, y mutará en una hermosísima y sobrecogedora coda final al piano… ¿Eh? ¿Que sólo conoces la versión "Unplugged"? ¡¡¡Noooooooooooo!!!!!!!


Y nuestro protagonista ya no está. Pero se merece una despedida digna. Y es por eso que Bobby Whitlock, como homenaje, coge el relevo y despide el disco (salvo bonus tracks que puedan haber por ahí, y que no harían más que desvirtuar el tremendo crescendo y posterior bajada a los infiernos del disco) con una canción tranquila y triste, “Thorn tree in the garden”, que no tiene nada que ver musicalmente con el resto del disco. Con una guitarra acústica y su poderosa voz, Whitlock ayuda a nuestro héroe, y a nosotros, cariacontecidos oyentes, a echar el cierre a una historia triste, con final triste, llena de desesperanza y frustración…pero bella…increíblemente hermosa y bella…

Venga, amigo lector, no estés triste. Ya sabemos que la historia, a la postre, tuvo un final feliz, ¿Verdad?


Moraleja: el que la sigue, la consigue.


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