miércoles, 4 de julio de 2007

Mejores discos de 1971: "Sticky Fingers"

Uno es un fanático de muchas cosas, entre ellas de las listas. Es por eso que ando bastante enganchado a la web Rateyourmusic, en la que puedes dar de alta tus discos, comentarlos, ponerles puntuación y, finalmente, confeccionar cualquier lista que te venga a la cabeza. Hay listas de todo tipo, aunque principalmente suelen ser anuales: mejores discos de tal año, o de tal década, o canciones, etc. También es interesante consultar las que la propia web elabora a partir de las puntuaciones de los usuarios.

Bueno, pues yo ya me hecho mis listillas anuales desde 1965 hasta 1970, y estos días, dentro del poco tiempo que le puedo dedicar a casi todo, pues intento preparar la de 1971. El caso es que tengo muchos discos (entre caja "A" y caja "B") de ese año, y me está costando bastante. Lo que sí tengo claro son los 3 primeros puestos, salvo sorpresa de última hora, que no sería una sorpresa sino un enorme sorpresón. Bueno, pues se me ha ocurrido que podría comentar los 3 discos de aquí al viernes, y así de paso me ahorro tener que estar cavilando cada día acerca de los contenidos a colgar en el blog, jeje.

¿Os parece que empecemos por el número 3, y así lo hacemos más interesante?



ROLLING STONES - Sticky Fingers (1971)


Los Rolling Stones entran en los 70 con su propia compañía discográfica, sin deber nada a nadie, y con sus máximos rivales, los Beatles, fuera de juego. Así pues, deciden que pueden hacer el disco que les dé la gana, y lo hacen. Los Stones siempre fueron los "chicos malos", los de las canciones oscuras y plenas de dobles sentidos, los de la simpatía hacia el diablo. Sin embargo, en "Sticky fingers" deciden dar un paso más allá: no tienen ya que ocultarse más tras rebuscadas metáforas, y crean un disco provocador desde el principio hasta el final, empezando por la polémica portada de Andy Warhol, y siguiendo con una lista de canciones sucias, infernales, que hablan de drogas y de sexo sin ocultarlo, con letras y títulos bastante explícitos.

El disco empieza con una de las canciones más gloriosas de la banda: "Brown Sugar", que tiene uno de los "riffs" de guitarra más conocidos del grupo (por no decir el que más). Sólo con escuchar la primera nota ya sabes que se trata de la guitarra de Keith Richards, esa marca de agua de las canciones rockeras de los Stones. La letra, como he comentado, es sucia a más no poder, hablando de sexo interracial, de pérdida de la virginidad, etc., aunque todavía algo enmascaradas bajo metáforas como, por ejemplo, la que da título al tema. De todas formas, es de esas canciones que transmiten ganas de bailar y dar saltos de alegría, sin importarte un comino lo que diga la letra.

La siguiente canción, "Sway", es de las menos conocidas, pero ni mucho menos la peor: la guitarra del nuevo Stone, Mick Taylor, domina el tema, y destaca en algún brillante solo, algo no muy común hasta entonces en sus canciones. Un blues rockero aderezado con algunos arreglos de cuerdas cortesía de Paul Buckmaster, el mismo que adornaba los primeros discos de Elton John, jeje, qué cosas...

A continuación encontramos la maravillosa "Wild horses", para mí la mejor balada (con permiso de "Angie") del grupo, con una letra no se sabe si optimista o pesimista, que habla de como las drogas te enganchan, pero sin perder la esperanza de dominarlas algún día. Todos la hemos escuchado, así que no descubro nada si digo que se trata de un baladón en clave country, tal vez influenciado por Gram Parsons que por entonces era bastante amigo de Keith Richards. De hecho, "Wild horses" apareció como primicia en el disco "Burrito deluxe" de los Flying Burrito Brothers, la banda de Parsons.


En "Can't you hear me knocking" vuelve a resaltar la recién incorporada guitarra de Taylor en la parte instrumental ( más de la mitad de la canción) con instrumentos de viento, pianos, y percusiones con ritmo latino, que te hacen pensar que estás escuchando un disco de Santana o de acid-jazz. De nuevo la mano de Buckmaster. A continuación, para desempalagar un poquito, "You gotta move" nos devuelve a los Stones más blueseros. La canción es una versión de un viejo blues del Delta, posiblemente de "Mississippi" Fred McDowell. Llevada a su terreno, lógicamente, gana fuerza, misterio (esos tambores casi tribales...) y pegada.

La segunda parte del disco empieza con "Bitch", un explícito título que esconde una canción interesante, con otro "riff" magistral que no tiene mucho que envidiar al de "Brown Sugar", y una alocada letra que Jagger canta casi como poseído. Sigue el disco con "I got the blues", otro homenaje, éste más actualizado, a su estilo preferido, pero esta vez sólo en el título, puesto que la canción se parece más a las típicas baladas de soul sureño, al estilo Otis Redding. De hecho se escucha por ahí un órgano (que incluso hace un solo) tocado por el entrañable Billy Preston, que estaba a todas en estos primeros años de la década.

El disco se cierra con un trío imbatible: en primer lugar se vuelve a recurrir al tema de las drogas en la excelente aunque trágica "Sister Morphine", una de las canciones más aterradoras jamás escritas. Inicialmente un single de Marianne Faithfull, la canción saltó a la fama cuando los Stones se decidieron a "ensuciarla" un poco y la incluyeron en su propio LP. Esas guitarras sobrecogedoras, asaltadas repentinamente por un redoble de batería, para seguir con la voz de Jagger recitando más que cantando...uno de los momentos cumbres del disco y casi diría que de toda la carrera de los Stones.

Sigue "Dead flowers", que vuelve a dar el salto al country con gotas de rock sureño, una combinación que a Jagger y los suyos casi siempre les salía bien. Los Eagles intentarían hacer algo parecido en sus primeros discos, y no les salió mal del todo, pero los Stones estaban tocados por la varita mágica de todas las musas habidas y por haber, y sentaban cátedra en cualquier estilo al que arrimaran sus esqueléticas figuras. Fíjense en esta excelente versión en directo:


Y para finalizar, otra canción enorme: "Moonlight mile". La canción rara del disco, con todos esos instrumentos exóticos de fondo, y una especie de ritmo oriental que sale a la superficie de tanto en tanto, acompañado por unos arreglos orquestales (otra vez Buckmaster) que le dan un sentido épico y unos repentinos crescendos que te van llevando poco a poco hasta el final - espectacular - de la canción y del disco.

Para muchos, el último gran disco de los Rolling Stones. No para mí, que considero superior el "Exile on Main St.", aunque sí creo que no han vuelto a crear una obra tan variada y completa nunca más. Incluso ahora, después de haber escuchado el disco una vez más, ya no estoy tan seguro de que no sea su mejor disco.


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