viernes, 20 de julio de 2007

Genesis: un disco y varios recuerdos

Internet es un gran invento para el melómano, no cabe duda. Y no estoy pensando solamente en la posibilidad de bajarse discos, intercambiar canciones, etc.; lo hago también en la tremenda facilidad que tenemos hoy en día para descubrir música, tanto nueva como antigua. ¿De qué otra forma podría haber llegado a conocer, por ejemplo, el disco de J.K. & Co. del que hablé hace un par de días? Por no hablar de la opción que nos ofrece para dar salida a nuestros monólogos musicales, sobre todo a quienes, como yo, tenemos una mujer a la que no le gusta la música.

Pero hay una parte oscura en todo esto, una de la que siempre me quejo: las prisas. Internet ha traído (o nos la ha potenciado a los que ya la llevábamos de serie, que todo puede ser) la prisa por saber, por encontrar, por escuchar, dar nuestra opinión y pasar al siguiente objetivo. Discos que todavía no han salido al mercado ya cuentan con centenares de reseñas en la Red, y se discute sobre la forma en que “envejecen” trabajos que cuentan con unos pocos meses en el mercado.

Bueno, pues esta mañana me he decidido a luchar contra ese estrés musical. Y lo he hecho mediante un acto tan simple que es sorprendente recordar el tiempo que llevaba sin realizarlo: me he dirigido a los estantes donde tengo mis CDs originales, he escogido uno al azar, lo he puesto en la cadena musical (¡¡en la cadena!!) y lo he escuchado tranquilamente, leyendo las letras en el libreto al mismo tiempo. Y he pasado un buen rato, un muy buen rato. Tal vez no tenga la menor importancia el disco que haya escogido, y es posible que hubiese disfrutado igual de cualquier otro, pero el caso es que el afortunado ha sido éste:


GENESIS – Duke (1980)


Un disco bastante menospreciado, en general. Incluso por los fans de Genesis. Los que lo son de Peter Gabriel suelen aborrecer los discos de la etapa con Phil Collins a la cabeza. Los que lo son de Phil Collins ven en “Duke” todavía demasiados rastros del rock pesadamente progresivo que caracterizaba la época con Gabriel y Hackett. Es, en realidad, un disco de transición: ni chicha ni limoná. Pero a mí me encanta. Y hoy lo he vuelto a recordar: esa magnífica entrada con las tres primeras canciones entrelazadas (“Behind the lines”, “Duchess” – magnífica – y “Guide vocal”), para seguir con “Man of our times”, bastante rockera, y ofrecer a continuación “Misunderstanding”, una de las dos canciones que pertenecen en solitario a Phil Collins. Los teclados de Banks suenan como nunca, aunque a alguien se le pueda atragantar ese aire tan ochentero (a lo “Jump” de Van Halen, por entendernos), la batería de Collins es tremenda, las canciones se alargan lo justo, sólo hay una balada lacrimógena (“Alone tonight”) y la dosis de progresivo es la justa y necesaria (“Duke’s travels”)…

Ya, me dejo varias canciones, y entre ellas la más importante del disco.


Turn it on again” es uno de los grandes éxitos (el mayor, creo yo) del grupo con la formación Collins-Banks-Rutheford. No en vano la última compilación de grandes éxitos (y creo que también su gira mundial) se llama así. Pero para mí significa bastante más. Significa, por ejemplo, una noche de verano de hace más de 25 años en mi habitación, con el radiocassette a un volumen moderado para no molestar, con la luz apagada y sólo iluminado por las luces del aparato, rojas, amarillas y verdes, que creaban un ambiente fantasmal y misterioso, pero acogedor y mágico al mismo tiempo. Significa pasarse horas escuchando una de las pocas emisoras de radio que podía captar en mi pueblo, con la cinta de 90 minutos a punto y los botones REC y PAUSE pulsados a la vez, esperando el momento. Y el momento esperado era que sonara “Brass in pocket”, o “Going underground”, o “My Sharona”, o “The river”, o “Elvis should play ska”… o cualquier otra de mis canciones preferidas de aquella época. Y entre ellas estaba este “Turn it on again”. Por supuesto, al final sonó y la grabé, aunque unos años después, con alguna de mis múltiples mudanzas, extraviara la cinta.

Pues esta mañana me he acordado de todo aquello mientras escuchaba el disco. Y, ¿sabéis una cosa?, no he tenido prisa por que se acabara…




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