No, no he ido a los conciertos de Sting con orquesta. Aunque hubiese querido me habría resultado imposible, pero tampoco tenía claro si me apetecía.
No dudo que "Russians", "Fragile" o "Englishman in New York" seguramente sonarán perfectas y bonitas con el acompañamiento orquestal. Cuentan que "Roxanne" también ha quedado muy cuca. Pero sigo sin verlo claro.
Y no lo veo claro porque a mí The Police me engancharon a los 13 años con su punk-pop-reggae urgente, visceral y novedoso porque, además de gustarme mucho las canciones, eran la música y la imagen que mi generación necesitaba para fastidiar a nuestros padres, para luchar contra los artistas "superfans" que inundaban las ondas, para rebelarnos contra lo establecido. Una rebelión pueril, seguramente, pero internamente ilusionante. De repente, The Police barrían de un plumazo a los cantantes melódicos y los cantautores plastas. Tal vez sea difícil de entender para los que conocieron a Sting ya crecidito, con su karma, sus cenas con Julían Ruiz en la Toscana, su sexo tántrico, etc., pero entre 1979 y 1982 The Police eran realmente de los pocos grupos en el mundo que conseguían aunar comercialidad y rebelión sin resultar cursis, ridículos ni trasnochados. Algo similar a lo que Nirvana representó una década después.
No veo nada de eso en esta gira de Sting. Ojo, tampoco espero que 30 años después las personas no hayan cambiado. Yo he cambiado bastante, así que el amigo Gordon seguramente también lo habrá hecho. De hecho empezó a cambiar ya antes de finiquitar a The Police, con su Synchronicity, así que no parece casual el título de esta gira sinfónica: "Symphonicity". Tampoco quiero entrar en la eterna discusión de si los músicos se aburguesan con la edad, si se venden a la industria, si esta absorbe todo conato de rebelión juvenil y la acaba convirtiendo en música para las masas, etc. No soy sociólogo ni filósofo, tan sólo un aficionado a la música desde hace casi 40 años. Pero hay cosas con las que uno no debe jugar, y una de ellas son los recuerdos. Y en mis recuerdos musicales de la adolescencia ocupan un lugar muy destacado la innovadora batería de Stuart Copeland y la afilada guitarra de Andy Summers. Comparen ustedes el inicio de "Walking on the moon" (o la anterior interpretación de "Message in a bottle") con la profusión de ieos con que nos regala hoy en sus conciertos.
Intento huir siempre que puedo de la nostalgia, pero hay cosas que me gusta preservar tal como se me quedaron marcadas a fuego en épocas pasadas de mi vida. Y una de esas cosas es la música, áspera, nueva, urgente, fresca, a veces divertida y otras ligeramente amenazante de The Police.
3 opinaron, ¡Hazlo tú también!:
Me pasa exactamente lo mismo, tengo un sentimiento como de que Sting ha perpetrado una traición al significado de esas canciones al quitarle el valor que le agregaban Stewart Copeland y Andy Summers. Es que al común de la gente siempre le ha parecido que The Police = Sting y se equivocan, no saben el trabajo de Andy Summers para dar en cada canción las tonalidades y las armonías correctas (leí su autobiografía) y ninguno de los dos hubiera llegado a la fusión con el reggae sin Copeland.
A Sting se le secó el pozo de la inspiración y al igual que Phil Collins o Huey Lewis y tantos otros recurren a volvernos a vender lo ya creado. Vivir de las rentas está bien, pero lo mejor de un artista es cuando crea, que ejemplo es Bruce Springsteen que no mira tanto hacia atrás....
Conozco a alguien que se moría por ir al concierto, y en cambio a mí no me parecía ni siquiera lógico tener deseos de asistir.
Como dijo John Lennon "Haz algo por ti mismo. Empieza algo nuevo. Vive tu vida tal y como es ahora" (si, si, sale en el anuncio de un coche... jo... xD). Lo dicho, está bien el típico "remember", pero vaya, vivir de las rentas toda la vida...
Totalmente de acuerdo con ambos. Reconozco el valor de la nostalgia, pero sólo si no es el único sentimiento que nos mueve. Hay que mirar hacia delante. Reconociendo todo lo bueno del pasado, pero hacia delante.
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