domingo, 10 de febrero de 2008

Escucha música con el lado derecho del cerebro (II)

Hola de nuevo.

En mi anterior mensaje hablaba de los dos hemisferios del cerebro. El izquierdo es el lógico, el que controla la verbalización, el pensamiento matemático...mientras que el derecho es el "artístico", el de las sensaciones, las intuiciones... Como expliqué, parece ser que trabajar con el hemisferio derecho en situaciones en las que normalmente utilizaríamos el izquierdo puede ayudar a mejorar nuestras dotes artísticas; en el caso del ejemplo que puse, para dibujar mejor. Quedamos en que si miramos una foto al revés y la intentamos dibujar, normalmente el resultado es mejor (salvo que ya seamos expertos dibujantes) que si miramos la foto en su posición normal. La explicación radica en que el hemisferio izquierdo, incapaz de verbalizar y utilizar imágenes predefinidas para explicar qué es aquello que estamos viendo, le cede el control al hemisferio derecho. Entonces, en vez de ver una cara o una mano, vemos líneas, puntos, sombras...y nos resulta más sencillo reproducir esos elementos porque son menos complejos, y lo hacemos tal como los vemos sin sufrir la molesta interferencia de nuestro arsenal de conocimientos e imágenes que llevamos en nuestro cerebro desde que tenemos uso de razón.

Ya...pero... ¿Este blog no iba de música? Sí, por supuesto.

¿Qué ocurre cuando escuchamos una canción por primera vez, sin saber nada de ella? Al no tener ningún dato (nombre de la canción o cantante), no tenemos ninguna imagen, recuerdo o prejuicio al respecto en nuestro hemisferio izquierdo. Entonces se pone en marcha el derecho, y empezamos a escuchar la canción prestando atención a lo que realmente la merece: la música, el ambiente que crea, las sensaciones que nos produce, la voz, los instrumentos, los silencios, los cambios de ritmo...

Sin embargo, cuando escuchamos una canción que ya conocemos, y sobre todo si sabemos de antemano que la vamos a escuchar, nuestro hemisferio izquierdo se pone en marcha y empieza a poner en palabras todo lo que sabemos de la canción, y a reproducir mentalmente el recuerdo que de la misma tenemos almacenado en nuestra mente. El resultado: en vez de escuchar realmente la canción, prácticamente lo que hacemos es reproducirla mentalmente a partir de todos los datos anteriores de que disponemos. De esa forma, si la canción nos gusta posiblemente la iremos cantando o tarareando, o pensaremos en lo mucho que nos gusta, o en la vez que compramos el disco, o cuando la escuchamos por primera vez o simplemente la estaremos reproduciendo en nuestra mente pero sin prestar atención a lo que escuchamos puesto que para el hemisferio izquierdo no representa ninguna información nueva.

¿Y si la canción no nos gusta? Pues seguramente cambiaremos de emisora, si la estamos oyendo en la radio. Pero antes, seguramente la habremos reproducido mentalmente en nuestra cabeza a partir de los datos que tenemos sobre ella, habremos recordado que le tenemos manía al grupo, o al cantante, o que la voz no nos gusta, o que es una banda que siempre hace el mismo tipo de canciones, o que la letra es muy ñoña, o cualquier otra cosa...pero, de nuevo, sin prestarle atención realmente a la música porque el hemisferio izquierdo, a partir de los datos que tiene almacenados, ya ha decidido que no va a gustarnos.

¿Tonterías? Puede ser. Desde luego con el dibujo funciona, así que me atrevo a proponer que lo intentemos con la música. Voy a dejar una pregunta en el aire: ¿alguien de ustedes, amables lectores, se ha visto alguna vez en una situación parecida a las que figuran en la siguiente lista?

  • Pones la radio, suena una canción ya empezada, y no sabes cuál es aunque te suena mucho. Al cabo de unos instantes la reconoces, y te sorprendes de lo diferente que sonaba antes de reconocerla. Después, una vez reconocida, suena como siempre.

  • Estás en la discoteca, suena una canción. Te pones a bailar como un loco, te gusta mucho. Preguntas al DJ qué canción es. Para tu sorpresa, se trata de una canción que ya habías escuchado alguna que otra vez, y no te había llamado demasiado la atención.

  • Tienes 4 ó 5 discos en el mp3, los has escuchado varias veces y no encuentras nada destacable en ellos. Pones el reproductor en modo aleatorio, y, al cabo de unos minutos, suena una canción que te llama mucho la atención, te gusta, te encanta...y te preguntas por qué no te habías dado cuenta en las escuchas anteriores. O al revés: se trata de una canción de un disco muy recomendado por revistas y blogs, vanguardista, experimental...pero al escuchar la canción fuera de contexto y por sorpresa piensas: ¿Y esto me gustaba?

  • Un amigo te propone escuchar un disco del grupo X. Le dices que no, que no te gusta, que prefieres otra cosa. Semanas después subes en el coche del mismo amigo, en el CD suena una canción, ya empezada, que te llama la atención. Te gusta, le encuentras algo interesante que no sabrías explicar. Le preguntas a tu amigo quiénes son, y resulta que se trata del grupo X. Glup.

En todos los casos anteriores, el cerebro no estaba pendiente de la canción que iba a sonar. En realidad, nos pilla de sorpresa, y entonces el hemisferio izquierdo de nuestro cerebro no dispone en principio de datos con los que trabajar, por lo que cede el control al hemisferio derecho. Este, mientras el hemisferio izquierdo no recupera el control, valora exclusivamente las sensaciones y emociones que nos produce lo que estamos escuchando, sin realizar ninguna valoración a priori ni recurriendo a conocimientos previos y prejuicios, sean estos aprendidos o producto de la propia experiencia. Al centrarnos exclusivamente en el aspecto musical, artístico, emocional, sentimental...puede saltar la sorpresa, como en los casos anteriores. En el caso de la canción sorpresa de la radio, si nos fijamos nos daremos cuenta de que parece sonar muy diferente antes de reconocerla (cuando la escuchamos con el lado derecho del cerebro) y después (cuando se vuelve a activar el hemisferio izquierdo). En los otros casos muchas veces también ocurre algo parecido, llegando incluso a cambiar nuestra impresión respecto a lo que estamos escuchando.

¿Podría controlarse nuestra forma de escuchar música, tal como pretende el método para aprender a dibujar? Pues no lo sé, y tampoco sé si vale la pena. Pero pensé en estas cosas el otro día, mientras conducía. Iba escuchando el reproductor de mp3, pero se quedó sin batería. Puse la radio, y para mi pesar sólo se escuchaba en condiciones M80. Mi hemisferio izquierdo me avisó: en esa emisora sólo ponen bazofia. Pero no tenía otra opción, así que no le hice caso. Entonces escuché una música que me sonaba mucho, pero no acababa de identificar. Era una música que me ponía de muy buen rollo, me gustaba, me producía bienestar interior y ganas de bailar. En unos segundos me dí cuenta: era Cher con su "Shoop shoop song (it's in his kiss)".


Cuando me dí cuenta, casi me entró vergüenza porque me hubiese estado gustando la canción. Al mismo tiempo, una vez la reconocí, pareció dejar de interesarme. Mi hemisferio izquierdo había recuperado el control, y me machacaba con todos los prejuicios y lugares comunes que había ido acumulando durante años. Sin embargo, durante el tiempo que mi hemisferio derecho disfrutó de libertad, sólo capté emociones y sensaciones musicales. Pensé bastante en ello, y llegué a la conclusión de que muchas veces no disfrutamos de una canción porque todo lo que sabemos de ella, todos nuestros prejuicios y experiencias anteriores, interfieren en la escucha real. Después de Cher sonó otra canción archiconocida: "Losing my religion" de REM. Decidí escucharla como si fuera la primera vez que lo hacía, y curiosamente aprecié arreglos, acordes, frases y armonías como no lo había hecho otras veces. La siguiente canción fue "9 to 5 (morning train)" de Sheena Easton. Otra canción que sólo con nombrarla ya resulta cansina. Pero también la disfruté.

Y así con Dire Straits, Police, Creedence Clearwater Revival, y en general con las 6 ó 7 canciones que tuve tiempo de escuchar hasta llegar al trabajo. Cuando bajé del coche y entré a trabajar, lo hice con una sonrisa de oreja a oreja. Y pensé que debía contárselo a ustedes.
Me propongo realizar un experimento para escuchar música con el lado derecho del cerebro. Todavía no sé cómo hacerlo, pero se trataría de meter en el reproductor mp3 una serie de canciones al azar, y sin saber cuáles son, y después escucharlas en modo aleatorio. Incluso he pensado en cortar previamente el inicio de cada canción, para escucharla ya empezada. Cuando lo haga, si finalmente me decido, comentaré los resultados.

Ya, ya lo sé. Estoy chiflado. Un chiflado musical. Pero usted no está mucho mejor, de lo contrario no hubiera leído hasta aquí, jeje... ;)

Buenas noches.
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