lunes, 3 de septiembre de 2007

Jim Croce

Hola.

Le he encontrado el gusto a eso de recuperar figuras un tanto olvidadas, como Eddie Hazel, Billy Fury y otros por el estilo. Hoy le toca a un cantautor de la generación de Cat Stevens, Al Stewart, Tim Buckley, Donovan o Nick Drake, pero bastante menos reconocido, al menos eso me ha parecido siempre a mí. Se trata del bigotudo Jim Croce.

Este cantautor estadounidense merece bastante más atención de la que tiene en general, al menos si lo comparamos con sus colegas arriba mencionados. Su historia es la de un buscavidas de la música, que probó suerte en Nueva York durante una temporada, que se pateó toda la Costa Este dando conciertos, y que acabó cansado y arruinado, volviendo a su hogar y a su trabajo de conductor de camiones.

Ya con 27 años le llegó su segunda oportunidad, se dió a conocer a la gente adecuada, y acabó grabando un disco en 1972 con ABC Records: "You don't mess around with Jim". De ese disco destaca una de sus canciones más conocidas, de esas que suenan a veces en las radios "oldies" pero que mucha gente no sabe a quién pertenece. Se trata de "Time in a bottle".



Jim Croce no se diferenciaba demasiado de otros cantautores, pero tenía algo en sus letras, una mezcla de sentido del humor (negro), nostalgia, melancolía...cuando canta este "Time in a bottle", y cuenta que desea capturar el tiempo en una botella, es realmente como si supiera que le quedaba poco de vida...

La otra gran canción del disco es "Operator".



Muy poco después, a principios de 1973, salió a la venta su segundo disco: "Life and times". Es otro magnífico disco en el que brillan con una luz intensísima otras dos canciones que es bastante posible que hayas escuchado alguna vez: "Bad bad Leroy Brown", todo un posible clásico country que se alejaba por un instante de la tristeza que envolvía la mayoría de sus canciones, y la bellísima "These dreams".

Meses más tarde publicaba un nuevo single, "I got a name", adelanto de su tercer album que iba a llamarse de la misma manera. Jim dedicó gran parte del verano a ir de gira promocionando el nuevo disco y aprovechando el tirón de "Bad bad Leroy Brown" que iba escalando puestos en las listas. El 20 de septiembre de 1973, después de un concierto en Lousiana, el pequeño avión que le transportaba hacia Texas se estrelló al poco de despegar. Murieron todos sus ocupantes. El álbum "I got a name" salía a la venta al día siguiente.



No hay peor cosa en la vida que la indiferencia. Podría haber seguido vivo, y convertirse en un James Taylor cualquiera, de esos que ahora alegremente despreciamos. O, ya que murió demasiado pronto, podría haberse convertido en una figura casi mítica como Nick Drake o Tim Buckley. Pero ni una cosa ni otra. Una lástima.

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