domingo, 6 de abril de 2014

Ensayo (cutre) sobre la felicidad


Desde hace un tiempo la felicidad me persigue. En conversaciones con amigos, en los libros, en la tele, en la música, en todos los sitios. La felicidad está de moda. Supongo que en los malos tiempos la gente ansía más ser feliz, y siempre hay alguien dispuesto a aprovecharse de ello. No hay más que analizar la publicidad que vemos en televisión: en general casi todos los anuncios que tratan de vendernos algo apelan a nuestra necesidad de ser felices. Ya sólo faltaba que hubiera un Día Mundial de la Felicidad, y resulta que lo hay: fue justamente la semana pasada. 

Pero... ¿Qué es la felicidad? O incluso más importante: ¿En qué consiste ser feliz? Mal lo tenemos para dar una respuesta válida, cuando gente tan cabal y preparada como los antiguos griegos no se ponían de acuerdo: para Aristóteles la felicidad estaba dentro de uno mismo, para los epicúreos se hallaba en el placer, mientras que los estoicos la encontraban precisamente en el desprendimiento de cualquier anhelo de placer, en no depender de nada ni de nadie. Para acabar de arreglarlo, Platón propuso que la felicidad se alcanzaba en toda su plenitud después de la muerte. A esta última corriente se apuntaron las religiones de todo el mundo para evitar que sus fieles se rebelaran ante las adversidades: cuánto más sufras en este mundo, más placer obtendrás en el más allá. The Great Rock'n'Roll Swindle. Bueno, en realidad hay una excepción: el budismo tiene más en común en realidad con el estoicismo, desde el momento en el que propugna evitar el compromiso y el ansia de placer.


Bobby McFerrin. ¿Un epicúreo moderno?

En lo que todos parecen estar de acuerdo, desde Aristóteles a Montaigne, desde Pascal hasta Camus, es que el deseo de encontrar la felicidad es consustancial al ser humano. Eso, que muchos pueden interpretar en el sentido de que la felicidad es un derecho fundamental, en realidad lo que significa es que el ser humano tiene el derecho, y también el deber, de intentar ser feliz, aunque nunca llegue a serlo plenamente. En realidad el debate podría centrarse perfectamente en dos o tres palabras: ser, estar, plenamente. ¿Se es feliz, o se está feliz? ¿Puede ser la felicidad un estado duradero en el tiempo, incluso permanente? Según la filosofía oriental, la respuesta es que sí. Claro que para ellos la felicidad es un estado de bienestar prolongado, más que una situación coyuntural de alegría o satisfacción intensa, mientras que en Occidente tendemos a relacionar la felicidad justamente con esos estallidos pasajeros de euforia, que por definición no pueden durar mucho. Es la eterna discusión entre los que defienden que la felicidad se alcanza superando metas y realizando anhelos, y los que identifican la felicidad con un estado de aceptación, casi de resignación.


Rocky Sharpe y sus Replays repartían felicidad durante un par de minutos


Sin embargo sería muy simplista afirmar que la filosofía oriental y la occidental tienen un punto de vista diametralmente opuesto respecto a la posibilidad de ser feliz. Muchos autores occidentales han defendido una postura similar a la que Confucio, uno de los pilares del pensamiento oriental, expresaba en su frase "Sólo puede ser feliz siempre el que sepa ser feliz con todo". Por supuesto, empezando por los estoicos ("No pretendas que las cosas ocurran como tu quieres. Desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz"). Tampoco hace falta llegar al extremo de Séneca ("La verdadera felicidad no consiste en tenerlo todo, sino en no desear nada"). Claro que se pueden desear cosas, es incluso necesario, por lo que encuentro preferible la posición de Sartre ("Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace") y también la de los primeros pensadores estadounidenses, como Benjamin Franklin ("La felicidad no se produce por grandes golpes de fortuna, que ocurren raras veces, sino por pequeñas ventajas que ocurren todos los días") o Ralph Waldo Emerson ("El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar lo que se obtiene"). 

Por supuesto, si hablamos de pensadores norteamericanos no podemos olvidar al gran Groucho Marx, que estaba de acuerdo con sus antecesores en el hecho de que la felicidad está hecha de pequeñas cosas ("Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna...") Qué grande Groucho...

Siempre mirando el lado positivo de la vida...

Luego están los cenizos de siempre. Y no, no voy a meterme más con las religiones, prefiero quedarme con una frase de Juan XXIII, un Papa con ideas nuevas: "he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también". No, me refiero más bien a pensadores científicos, e incluso ateos, que niegan incluso la más mínima posibilidad de alcanzar la felicidad ni siquiera de manera efímera. Es famosa una frase de Sigmund Freud, muy usada con posterioridad: "Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo". ¿Entonces es incompatible ser inteligente con ser feliz? Mucho se ha escrito sobre ese tema. Fernando Sabater no estaría de acuerdo con Freud, y lo describe de forma brillante: "El secreto de la felicidad es tener gustos sencillos y una mente compleja, el problema es que a menudo la mente es sencilla y los gustos son complejos". Nietzsche, sin embargo, va incluso más lejos que el inventor del psicoanálisis y se sitúa como uno de los padres de la teoría de la infelicidad perenne, según la cuál el ser humano no fue creado para la felicidad, sino para el sufrimiento. Para tratarse del autor de la frase "Dios ha muerto", me parece una tesis sospechosamente cercana a la defendida por el catolicismo más ortodoxo y estancado...


The Replacements: eternos insatisfechos

Al final mi opinión es que, como en casi todo, en el hecho de ser feliz o no serlo, o mejor dicho, en la apreciación que tenemos sobre la felicidad o infelicidad que dominan nuestras vidas, tienen que ver sobre todo la biología y la química: neurotransmisores, el sistema límbico, el hipotálamo, las catecolaminas, el metabolismo cerebral, los psicofármacos... Todo está dentro de nosotros, dentro de lo que somos después de millones de años de evolución. Abraham Maslow, en el diseño de su famosa pirámide sobre la jerarquía de las necesidades humanas, deja bien claro que lo que el cuerpo nos pide es cubrir las más básicas: respiración, alimentación, descanso, sexo y homeostasis. Las necesidades cuya satisfacción es esencial para la vida, las que hemos perseguido insistentemente durante, como he dicho antes, millones de años. Todo lo demás es invención moderna: ¿empleo? ¿propiedad privada? Cuéntenselo a los hombres de las cavernas, cuyo principal objetivo era sobrevivir hasta la mañana siguiente. Pero claro...una vez satisfechas las necesidades básicas nuestro cerebro es incapaz de asumir la situación y va creando más y más necesidades nuevas: confianza, respeto, éxito, reconocimiento, realización... No es extraño que en la época en la que, seguramente, más gente tiene solucionados los problemas primarios, sea también la época de las enfermedades mentales, las depresiones y la ansiedad. El cuerpo humano está diseñado para la supervivencia, no para la felicidad. La buena noticia es que, ya que la satisfacción plena es una situación teórica, irreal, podemos usar nuestro cerebro para recrearla como si en realidad estuviésemos inmersos en ella. De eso parece tratar la denominada Psicología Positiva


¿Estarán ya satisfechos los Stones, después de tantos años?

De hecho, parece que desde hace ya algunos años tenemos las claves científicas para ser felices. Y parece que la ciencia está de acuerdo con mi intuición: dicen que "El bienestar depende de la genética, pero la manipulación es posible". ¡Genial! Ahora sólo falta aprender a conseguir que la parte positiva de nuestro cerebro sea capaz de convencer a la parte negativa de que, cubiertas las necesidades básicas y en ausencia de situaciones graves como pérdida prolongada de empleo, enfermedades graves, etc., podemos no sólo estar felices sino incluso serlo de manera más o menos permanente. 

Y para terminar, ahí van quince canciones para ayudarles a ser un poco más felices, al menos por un rato. Y recuerden, si es posible, always look on the bright side of life.


domingo, 16 de marzo de 2014

Barry Ryan - Eloise (1968)


En Inglaterra en los años 50 había una cantante llamada Marion Ryan que, sin ser nada del otro mundo, se benefició de la falta de estrellas femeninas que había en las Islas por aquellos años hasta el punto de que la prensa británica, ya entonces tan tendente a la exageración, la lanzó como la "respuesta británica a Marilyn Monroe". En realidad, era otra cantante más que se dedicaba a lo que casi todos entonces: hacer versiones de éxitos de la música popular americana. Su mayor triunfo fue una versión del estándar "Love me forever" que llegó hasta el puesto 5 de las listas de éxitos en 1958. Lo cierto es que la canción es bonita y muchos han sido los que han probado suerte con ella. Sin ir más lejos,  Los Cinco Latinos realizaron su propia versión en castellano con el nombre de "Quiéreme siempre".


Diez años antes de ese gran éxito, Marion Ryan se había casado con el productor Lloyd Frederick Sapherson. De ese matrimonio nacieron una niña y dos gemelos: Barry y Paul. Los dos críos pronto manifestaron su interés por la música. El millonario emprendedor, promotor y productor americano Harold Devison se quedó prendado de los chicos (y de su madre, con la que se casaría en 1969), y se los presentó a Frank Sinatra. Entre ambos consiguieron que, en 1965, los fichara la compañía Decca y los lanzara como Paul & Barry Ryan. Con ese nombre publicaron algunos singles como "Don't bring me your heartaches", una canción bastante interesante con un pegadizo estribillo, muy de la época. 



Según los gemelos iban alcanzando mayores éxitos, Paul empezó a tener problemas para lidiar con el mundo de la fama. Estar siempre expuesto al público le produjo una situación de gran estrés, de manera que finalmente realizó una maniobra en plan Brian Wilson y se retiró de las actuaciones públicas para dedicarse únicamente a componer. Por supuesto eso supuso el fin del dúo como tal, y el lanzamiento en solitario de Barry Ryan. También supuso el cambio de Decca a MGM Records, anticipando el éxodo de artistas (con los Stones a la cabeza) que desangró Decca a principios de los 70.

Lo cierto es que Paul Ryan no fue un compositor destacado. A principios de los 70 compuso un par de canciones para su padrino musical, Frank Sinatra, que tuvieron algo de éxito en Inglaterra. Pero en 1968 le sobrevino ese momento de inspiración que tanto me fascina, ese minuto en el que a un tipo normal, sin grandes dotes compositivas, se le aparece una visión y le chiva una canción que resistirá el paso del tiempo. Sí, el mundo de la música ha dado grandes compositores, enormes (Lennon & McCartney o Dylan, por mencionar un ejemplo de cada lado del charco), pero a mí siempre me han atraído esos otros creadores que, a lo largo de toda una vida de trabajo oscuro, tuvieron únicamente un momento de brillante inspiración que les llevó a crear una canción que, a la postre, resultaría infinitamente más conocida que el nombre de su hacedor. Es el caso de Paul y la canción que compuso para su hermano en 1968: "Eloise".

Gran parte del éxito de la canción se debe a su producción. Todo en ella es grandilocuente: desde la voz de Barry Ryan, pasando por la orquestación, la duración del tema... Empieza ya a lo grande, con la orquesta descargando todos sus instrumentos a la manera del muro de sonido de Spector, y la voz de Barry en tonos altos desde el principio. Y desde ahí ya no hay cuesta abajo, salvo un interludio justo a la mitad de la canción en el que sólo quedan los violines y un coro sirviendo de apoyo a un más comedido cantante. Un intervalo de apenas un minuto tras el que, como una explosión, se recupera la descarga épica hasta desembocar en un alocado final, con Barry gritando, aullando, mientras la orquesta parece enloquecer y todo se va difuminando hasta desaparecer en la distancia. Ese estilo de canción larga y épica con partes diferenciadas, unas más roqueras y apasionadas junto a otras más tranquilas y reflexivas o clásicas, sería repetido hasta la saciedad en los 70, con temas como "Bohemian Rhapsody" o "Stairway to heaven" como abanderados. Pero fue Paul Ryan, en un enorme momento de inspiración, el primero que dio en el clavo. 


Hoy casi nadie se acuerda de Paul Ryan, que murió en 1992, a los 44 años, de un cáncer. Algunos más, pero no muchos, se acordarán de Barry Ryan, si no de su nombre al menos de la canción que lo hizo pasar a la posteridad. Por cierto, Barry acabó casado con una princesa malaya, hija de un sultán exiliado a Inglaterra tras la independencia del país, y desde mediados de los 70 está semiretirado, apareciendo sólo en ocasiones y casi siempre para recordar a la inmortal Eloise. Casi cuatro millones de copias vendidas tienen la culpa.

Lo que casi seguro que más gente recuerda es que el malogrado Tino Casal hizo una versión del tema, en castellano, que tuvo mucho éxito en nuestro país.


  


miércoles, 12 de febrero de 2014

1960-1962: los años ¿malditos?


Creo que ya lo he comentado en alguna otra entrada del blog, pero si yo no me acuerdo es poco probable que lo hagan ustedes, queridos lectores, así que no hay problema si me repito un poco. En las historias del rock suele suceder que, por falta de espacio o de interés, hay diversas etapas que parece que no existieron, o como mucho pasaron sin pena ni gloria. Una de esas épocas "perdidas" son los primeros años 60. Si hemos de hacer caso a diversos textos canónicos, entre Elvis y Los Beatles hubo poco más que la nada. En más de un libro aquellos años son descritos como si se trataran de tiempo desperdiciado en pop de chicle (los ídolos teen, los grupos de chicas, el high-school rock, el surf rock) y bailes estúpidos (el más exitoso, el twist). La versión reducida, compartida por casi todos, es que a finales de los 50 el rock and roll sufrió diversas desgracias que empiezan con el alistamiento de Elvis Presley en 1958 y siguen, a lo largo de dos años, con la retirada de Little Richard, la caída en desgracia de Chuck Berry y Jerry Lee Lewis, el escándalo de la payola que derrumbó a Alan Freed y, como trágica culminación, el accidente que costó la vida a Buddy Holly, Richie Valens y The Big Bopper. No en vano aquel desgraciado día se conoce como "el día que la música murió", fundamentalmente por la canción American Pie de Don McLean.

Así, al igual que los primeros 70 son presentados muchas veces como una especie de páramo musical repleto de hippies fumados y pesados sinfónicos de los que vinieron a salvarnos los punkies, algo parecido ocurre con este periodo, una travesía del desierto que sólo encontró una salida con la aparición de Los Beatles. Echando un vistazo, por ejemplo, a la wikipedia, encontramos que entre 1959 y 1962 se produjo el "declive del rock'n'roll", la "feminización de la audencia", o "el triunfo de las baladas de amor". Dejando aparte el hecho de que no encuentro nada negativo en las baladas de amor, los grupos de chicas, la música surf o algunos ídolos de adolescentes, creo que objetivamente hay mucho de pereza y superficialidad en esta visión tan simplificadora que se suele ofrecer al gran público, el no especializado, cuando se repasa la historia de la música popular del siglo XX.

Es por eso que, aunque sea como mero entretenimiento (que tendrá continuidad con más sorpresas en próximas entradas del blog), me propongo reivindicar esa época "perdida" de los 60 con un puñado de buenas canciones que vienen a desmentir esa imagen tópica de esos primeros años de la década. Voy a escoger tres canciones de cada uno de esos tres años (1960, 1961, 1962) para hablar un poco sobre ellas, mientras que otras aparecerán, junto a aquellas, en la playlist de Spotify que figura al final de esta entrada. Vamos allá.

1960
El primer gran éxito de la famosa compañía Motown, entonces todavía Tamla, fue "Money (that's what I want)", de Barrett Strong. Una canción que muchos conocerán por la versión de Los Beatles, publicada unos años después. El tema supuso una disputa por los derechos de autor ya que Barrett Strong afirmaba haber participado en su creación, mientras que Berry Gordy Jr. lo negaba. Tanto decir "dinero, es lo que quiero" y parece que, al final, vio más bien poco.
También este tema supuso una primera vez. El primer gran éxito de Roy Orbison. Una balada romántica, sí, desoladora y dramática, pero que no tenía mucho que ver con el pop de chicle que volvía locas a las chicas de aquellos tiempos. "Only the lonely" era otra cosa, era como una rama del rock'n'roll que evolucionaba hacia terrenos más complejos, sofisticados y épicos, aunque también más plácidos. Sólo Orbison podía cantar Dum dum dum, dummy doo wah, Ooh yay, yay, yay, yeah, Oh oh oh, oh oh ah y sonar muy elegante y nada cursi.
En este tema he hecho algo de trampa, ya que se trata de una composición original de los años 30. Sin embargo, en una selección de canciones de 1960 no podía faltar una de mis favoritas no ya de ese año, sino de toda la década. "Georgia on my mind" fue creada por el gran Hoagy Carmichael junto a Stuart Gorrell. Aunque la canción ha llegado a ser himno del estado sureño de Georgia, cuentan que en realidad la letra de Gorrell hacía referencia a la hermana de Carmichael, llamada Georgia. No tengo claro si es así, y tampoco me importa demasiado ante la maravilla de versión que hizo Ray Charles en 1960, y que se convirtió en la más conocida de entre las innumerables versiones que se han hecho desde 1930.



1961
Seguramente el nombre de Charles Weedon Westover no les diga nada, y tampoco el de Charlie Johnson and the Big Little Show Band. Después de pasar por diversos trabajos mientras intentaba mover un poco sus maquetas, alguien le hizo caso. El primer consejo que le dieron sus nuevos promotores fue cambiarse el nombre, y nuestro amigo escogió Del Shannon. El segundo consejo fue todavía mejor: regrabar una vieja canción que habían hecho en la Big Little Show Band, unos años antes, llamada "Little runaway". Del Shannon lo hizo y llegó con "Runaway", en menos de un año, del anonimato al número 1 en USA y en el Reino Unido.

Para demasiada gente Dion fue sólo un teen-idol, pero en realidad fue uno de los que mantuvieron viva la llama del rock'n'roll en el periodo que nos ocupa. Una canción como "The wanderer" puede ser calificada como muchas cosas, pero no como música 'teen' en el sentido más superficial. Es una canción que suena rock, con actitud rock, y con una letra bastante más profunda de lo que puede parecer si no se le presta la debida atención. El tema, compuesto por Ernie Maresca, fue rechazado por varios grupos antes de acabar como cara B de un single de Dion. Por supuesto, pronto pasó a la cara A.

Etta James fue una gran cantante de blues, R&B y soul que, durante los años 60 y 70, formó parte de la mítica Chess Records. Si habéis visto la película "Cadillac Records", es el personaje que interpretaba Beyoncé. Por cierto hubo cierta polémica entre las dos divas a raíz precisamente de esta canción. "At last" no la compuso Etta James (que solía componer), pero su versión es posiblemente la más recordada que se ha hecho de este estándar de jazz vocal. Cuando Beyoncé la interpretó para Obama en uno de sus primeros bailes como presidente, Etta James se molestó. Creo que el pique entre ambas venía ya desde la película, pero bueno...aquí lo que interesa es la canción.

1962

Sam Cooke no era ningún novato en 1962, de hecho ya sabía lo que era llegar al número 1. Este año compuso y grabó uno de sus grandes éxitos: "Bring it on home to me". La canción llegó al nº 2 en la lista de R&B y rozó el top-10 de las listas de pop, constituyéndose en uno de esos "crossover" (canciones que triunfan en ambas listas) por los que tantas discográficas suspiraban. El tema iba sobre las relaciones hombre-mujer, sobre la infidelidad. Después de la trágica muerte de Cooke en 1964, The Animals grabaron una excelente versión que también llegó a lo más alto de las listas en varios países. Un clásico del soul más accesible de los primeros 60.

La historia de The Contours fue, como ocurrió con mucho grupos vocales de los 60, movidita. Fichados por Motown después de varios intentos, sus dos primeros sencillos habían sido un total fracaso, y el jefazo Berry Gordy Jr. estaba pensando en quitárselos de encima. Pero, según cuentan, tuvieron entonces uno de esos golpes de suerte que reescriben la historia. Berry Gordy Jr. había escrito una canción llamada "Do you love me" para The Temptations, pero estos no aparecían por ningún sitio así que, cuando encontró a The Contours en el estudio, les ofreció grabarla. Por supuesto, fue su único éxito. En los 80 y 90 el tema reapareció en varias películas y vivió una segunda juventud.

Alrededor de "The loco-motion" giran bastantes leyendas. Una de ellas dice que el tema, compuesto por Carole King y Gerry Goffin, lo estaba tocando Carole King en su casa al piano cuando su niñera, Eva Boyd, empezó a hacer coros y a bailar. Impresionada, Carole King le ofreció grabar una demo que al final se lanzó como single, acompañado del bailecito de Eva (ahora Little Eva). La canción tuvo un gran éxito pero fue clasificada como una muestra más del "dance-craze" que hacía furor por entonces (como "El twist", por entendernos, aunque había más: el mashed potato, el jerk, el funky chicken, el watusi...). La realidad es que la canción fue compuesta sin pensar en niñeras ni bailes, y que cuando Goffin/King contrataron a Eva Boyd ya sabían que tenía una gran voz y tenían previsto ayudarla en su carrera. Un gran tema que volvería a ser un gran éxito en los 70 con Grand Funk Railroad y, sobre todo, en los 80 con Kylie Minogue.

Como dije al principio, he escogido estas 9 canciones para hablar de ellas pero hubo más, muchas más. En esta playlist de Spotify pueden ustedes escuchar 25 de ellas. ¿A que no parece tan mala época para la música?


miércoles, 29 de enero de 2014

Pete Seeger y Bruce Springsteen


Esta semana me han publicado dos artículos hablando sobre dos artistas con bastante en común: Pete Seeger, que falleció hace unos días, y Bruce Springsteen, que ha sacado nuevo disco nada más empezar 2014. El texto sobre Pete Seeger no pretende ser un exhaustivo repaso a su biografía, que fue larga y dejó como resultado más de un centenar de álbumes, sino que simplemente busca darlo a conocer a gente que, aunque quizás el nombre le suene, no tiene claro quién fue el personaje ni por qué tiene la importancia que tiene en el contexto musical, y también sociológico, del siglo XX.

El texto sobre Pete Seeger está publicado en Muzikalia


Y justamente casi el mismo día que aparece en Muzikalia mi despedida a Pete Seeger, en otra web con la que colaboro puntualmente, Zaloma, se publica otro texto mío hablando del último álbum de Bruce Springsteen. Es una casualidad bastante curiosa, porque justamente Springsteen, con su álbum del año 2006 We Shall Overcome (The Seeger Sessions), es uno de los "culpables" de que la carrera de Pete Seeger volviera a suscitar la atención de la gente en este siglo XXI, cuando el hombre se encontraba ya retirado del mundanal ruido y dedicado a sus plantas, sus árboles, su recogida de residuos y sus esporádicas apariciones en saraos benéficos o reivindicativos. 

El texto sobre lo nuevo de Springsteen está publicado en Zaloma:


Como suele ser habitual en mí, la crítica sobre High Hopes tiene 50% de crítica y 50% de recuerdos, batallitas de Abuelo Cebolleta y vivencias personales. Pero bueno, los que os asomáis por aquí de tanto en tanto ya estaréis acostumbrados.

Saludos.


domingo, 12 de enero de 2014

Blue Öyster Cult


En mi imaginario catálogo de bandas de rock, a los Blue Öyster Cult los tengo bajo el epígrafe de "bandas que son menos conocidas que alguna de sus canciones". Sí, lo digo por su famosa "Don't fear the reaper", una canción que casi todo el mundo ha escuchado alguna vez (sale en películas y series diversas, además de ser su único tema que se asoma a la radio de tanto en tanto, a la radio de aquí se entiende) pero que pocos sabrían decir a quién pertenece. Su compositor, Donald 'Buck Dharma' Roeser, el guitarrista de la banda, afirma que es una canción de amor...pero desde luego si lo es resulta bastante tétrica. Otros consideran que es una especie de elegía del suicidio, que trata de afrontar la muerte, de aceptarla o al menos de no temerla. El tema en cuestión está en uno de sus mejores álbumes, "Agents of Fortune", de 1976, el primero de Blue Öyster Cult que tuvo color en la portada. Tal vez por eso sus primeros discos son llamados "los discos en blanco y negro". 




Sería un error, sin embargo, pensar en Blue Öyster Cult como un "one-hit wonder", a pesar de que, en esencia, para el gran público que escucha lo que suena en la radio lo sean. Un primer paso para salir del error sería escuchar uno de sus buenos recopilatorios, como por ejemplo "Don't Fear the Reaper: The Best of Blue Öyster Cult" (2000), que me sirvió como tardía  iniciación a la banda. Si te gusta el material que ahí se encuentra, hay que ir entonces a por sus cuatro primeros álbumes ("Blue Öyster Cult", 1972; "Tyranny and Mutation", 1973; "Secreat Treaties", 1974; y el mencionado "Agents of Fortune", 1976). El osado que se atreva a hacerlo entrará en un universo muy particular, repleto de ciencia ficción, monstruos, aliens y viajes al lado oscuro de la naturaleza humana. Además de, por supuesto, buena canciones. Porque el caso es que BÖC supieron conectar el rock de guitarras con la psicodelia, el heavy metal, las buenas melodías, el proto-punk y la literatura fantástica (también la no fantástica, incluso la poesía). Fueron más sofisticados que bandas como The Guess Who, Grand Funk Railroad o Bachman-Turner Overdrive, más accesibles que Hawkwind, y más luminosos que Black Sabbath. En realidad lo tenían todo para ser una de las grandes bandas de los 70, y realmente en USA podría decirse que lo fueron: vendieron millones de discos. Por cierto, también tuvieron éxito en los primeros 80. Sobre todo con "Fire of Unknown Origin", disco de 1981 que supuso su aparición en la recién estrenada MTV con la canción "Burnin' for you". Pero eso era ya otra cosa, más cercana en mi opinión al AOR de bandas como Toto, Styx o Foreigner


La historia de Blue Öyster Cult da para un libro, así que es difícil resumirla en una entrada de un blog: sus orígenes, la cantidad de músicos que han pasado por sus filas acompañando a los incombustibles 'Buck Dharma' y Eric Bloom, sus inescrutables y esotéricas letras, su relación con un personaje como Sandy Pearlman (productor / poeta), sus colaboraciones con Patti Smith, sus brutales directos... No, la idea no es realizar un exhaustivo y erudito repaso a su carrera, sino simplemente ofrecerles un merecido recuerdo, y sobre todo intentar que, si lees esto y no eres un conocedor del grupo, te pique la curiosidad por saber y escuchar más. Y para provocar la curiosidad, ahí van otros dos vídeos. El primero corresponde a la inabarcable "Astronomy". Ojito a los solos de guitarra.


Y el segundo para los que gusten de canciones más directas: "This ain't the summer of love".


Pues nada, hemos empezado 2014 con rock de los 70, como debe ser. ¡Feliz año!