miércoles, 23 de julio de 2014

Mi FIB 2014


Cinco años después de mi primer FIB, ha llegado el segundo. Como en aquella ocasión, esta vez también he asistido al festival en calidad de redactor de Muzikalia. A diferencia de aquella ocasión, esta vez la convivencia con otros acreditados muzikálicos ha ido más allá de las horas de festival, compartiendo alojamiento, comidas, piscina, playa, muchos momentos de tertulia musical y no musical, de falta de sueño y también de muchas risas. Posiblemente esta convivencia haya sido lo mejor del FIB 2014 para mí. Pero vayamos al tema musical.


Jueves

Para mí hay dos nombres que destacaría del plantel del jueves: James y los canarios GAF. Los primeros ofrecieron un concierto impecable, con Tim Booth en buena forma a pesar de que pidió excusas por el estado de su voz. No olvidemos que el cantante y actor ha cumplido en 2014 nada menos que 54 años. Venían a promocionar su último álbum, Le Petite Mort, pero abrieron nada más y nada menos que con "Come home", cuyas primeras notas pude distinguir desde el set de prensa donde estaba acabando de enviar la crónica de un concierto anterior. Me levanté corriendo para llegar al escenario Maravillas a tiempo de ver el final de la canción, y por supuesto ya me quedé para todo el resto de la actuación. Para mi sorpresa los temas nuevos me convencieron más que en disco, lo que unido a que tocaron prácticamente todos sus grandes himnos ("Sometimes", "Getting away with it", "Laid"... de mis favoritas creo que sólo faltó "She's a star") convirtieron su actuación en memorable.

Era más o menos previsible que el de James fuera uno de mis conciertos destacados del festival, pero la verdad es que no esperaba que el de GAF estuviera en mi lista. Seguramente ayudó el ambiente: entrada la noche, poco público y casi todos los asistentes sentados en el suelo en actitud respetuosa y casi mística. El ingrediente principal, claro, era su música lisérgica, ruidosa y mágica. Gran parte de los temas eran en su mayor parte instrumentales, y cuando la voz aparecía lo hacía muchas veces como si fuera un instrumento más. Nos avasallaron con sus mantras y sus cantos de chamán, transportándonos a una realidad paralela donde por momentos no había españoles ni británicos, sólo personas conectadas entre sí por la música. Hipnóticos. Enorme descubrimiento.


Viernes

Mi viernes empezó viendo a The Parrots, un grupo insultantemente joven y desvergonzado, que reunió a una cantidad de gente aceptable en el escenario Fibclub con su rock de garaje y una actitud de auténticas estrellas punk. Fue divertido. También lo fue el directo de Manel, al menos ese final con "Teresa Rampell" y su despiporre de los bailes raros. No estuvo mal como aperitivo antes de los platos fuertes de la noche.

Unos platos fuertes que para mí fueron Paul Weller y Jake Bugg. El modfather se presentó tan elegante (pocos pueden lucir como él una simple camiseta de manga corta) y enérgico como siempre, con la compañía de su fiel Steve Cradock, y repasando muchas de las canciones de su último álbum recopilatorio pero también otros hitos de su carrera en solitario. De sus etapas con The Jam y Style Council sólo nos ofreció "Start!" y "My ever changing moods", respectivamente. A mí me supo a poco, pero con temazos como "The changing man", "Sunflower" o "From the floorboards up", quejarse sería injusto. Además el tiempo, que amenazaba lluvia, aguantó hasta el final.

Y después del maestro, pude ver al alumno. Jake Bugg tiene únicamente dos álbumes, pero son suficientes para destacarle como una de las grandes promesas del rock británico. Pese a su juventud, parece haber asimilado a conciencia los fundamentos del rock tanto en su vertiente británica como, sobre todo, la americana. Temas como "Lightning bolt" o "Seen it all" así lo atestiguan. Aunque mi momento estrella del concierto llegó con "Broken", canción que coreé a pleno pulmón rodeado de un buen puñado de ingleses sin camisa, que ellos también tienen sus sentimientos. 


Sábado

El sábado empezó con los valencianos Maronda, que cumplieron en su papel de abrir el escenario principal a plena luz del día con su pop desacomplejado salpicado de puntuales arranques eléctricos provenientes, principalmente, de la guitarra de Marc Greenwood. Posteriormente, en el mismo escenario, los gallegos Triángulo de Amor Bizarro maltrataron nuestros oídos con una sucesión de himnos ruidosos entre los que, como de costumbre, destacaron "De la monarquía a la criptocracia" o "El fantasma de la transición", así como su reciente "Estrellas místicas". La anécdota simpática del concierto la protagonizó un chaval de la primera fila, que se pasó el concierto blandiendo un cartón en el que había escrito, a mano, una petición amorosa para Isa, la cantante y bajista del grupo. 

Llegó entonces el gran momento del sábado para mí: la actuación de los Manic Street Preachers. Había algo en el ambiente que me hacía presagiar un gran concierto, y así fue. Desde el inicio con "Motorcycle emptiness" la conexión con la gente fue total, y cantamos a pleno pulmón himnos como "You love us", "A design for life", "You stole the sun from my heart" hasta llegar a un épico final con "If you tolerate this your children will be next". Por supuesto sonaron también alguno de los temas de su reciente álbum Futurology, pero resultaba bastante evidente que estábamos allí por sus clásicos, y ellos también lo sabían. Si hubieran tocado "The everlasting"...pero eso ya era pedir demasiado. Un gran concierto, uno de esos que se viven como fan, más que como crítico. 

No se puede decir lo mismo de la actuación de Cat Power, aunque tratándose de ella se puede esperar cualquier cosa y se le perdona casi todo. Chan Marshall salió al escenario repartiendo botellas de agua entre sus músicos, y estuvo todo el tiempo más pendiente de sus monitores y sus micrófonos que de la música. Por momentos parecía estar lejos, muy lejos de allí, incluso algunos afirman que hablaba sola. Iba y venía haciendo señas a sus técnicos de sonido, mirando a izquierda y derecha, incapaz de concentrase. En esas circunstancias se marcó un "The greatest" en plan Dylan, modificando la canción hasta hacerla casi irreconocible, haciendo que un halo mágico planeara sobre la gente pero estropeando el momento con sus enajenados gestos hacia la mesa de sonido. En fin, ver a Cat Power es como ver a Curro Romero en su momento: nunca sabes si saldrás del concierto maldiciendo tu suerte o pensando que has visto el concierto de tu vida, pero lo que es seguro es que no saldrás ni aburrido ni indiferente.

Luego me fui a ver el concierto de The Libertines, que son muy buenos en lo suyo pero con los que no consigo conectar más allá de momentos puntuales de sus hits como "Can't stand me now" o "Don't look back into the sun". Había que verlos porque con ellos nunca se sabe si habrá próxima oportunidad, eso sí.


Domingo

El domingo a las 6 de la tarde, bajo un sol de justicia, me pasé por el escenario Trident para ver a los australianos Blank Realm junto a mi compañero en Muzikalia José Megía, que me los había recomendado. Ante un público de apenas una docena de personas, desplegaron su arsenal musical repleto de falsetes, guitarras atmosféricas y oníricas melodías. Tal vez merecían mejor horario, pero cumplieron en cualquier caso. Vino después un rápido vistazo a los conciertos de Jessica Sweetman (R&B normalillo) y Nina Nesbitt (pop para adolescentes), la constatación de que Hozier mueven multitudes aunque estén en el escenario más pequeño, y el asombro ante el homenaje al grunge que desarrollan Drenge, sin ningún complejo a pesar de lo exiguo de su propuesta (guitarra y batería, nada más) y de actuar en el escenario grande.

De vuelta al Trident, llegué al concierto de The Presidents of the USA una vez comenzado. De todas formas no me perdí lo mejor: "Peaches", "Lump" y su impresionante y festiva versión de "Video killed the radio star". Mucho cachondeo, pero también mucha profesionalidad, buen repertorio y la actitud perfecta para un festival de estas características, donde la gente viene principalmente a divertirse y disfrutar de la música en comunidad. 

A continuación pude presenciar casi enteros los conciertos de Travis y de M.I.A., muy diferentes entre sí. Los escoceses se mostraron elegantes pero sosos, ofreciendo una actuación prolija en canciones conocidas ("Sing", "Flowers in the window", "Why does it always rain on me?") pero escasa en presencia escénica y actitud. Son Travis, ya sé que no estamos hablando de AC/DC ni de los Ramones, pero se echó en falta ese algo más que diferencia una actuación correcta de una memorable. Ese algo más que sí que tuvo el concierto de M.I.A., aunque no esté entre mis artistas favoritas. Hay que reconocer la profesionalidad de un show en el que no faltaba de nada y nada estaba sujeto al azar. Te puede gustar más o menos, pero un concierto de la angloindia te deja con la boca abierta. Todo un espectáculo que podría calificarse de hip-hop de estadio, mucho más que el garrafón de Tinnie Tempah por ejemplo.

Para rematar el domingo y acabar el festival, el concierto de Paolo Nutini fue un broche inmejorable. El salto de calidad que ha dado en su último disco es impresionante, en mi opinión, y se ha visto reflejado en unas actuaciones en directo en las que prima el componente funk y el empaque roquero de ruda actitud y voz ronca más que el de ídolo pop suave y romántico, aunque no estuvieron faltas de romanticismo algunas incendiarias interpretaciones, particularmente "Let me down easy" o "Better man". Hubo momentos en el que cerrabas los ojos y estabas escuchando a Otis Redding. Tuvo además la habilidad de conducir sus primeros temas, himnos pop sin demasiadas pretensiones, a su actual y más interesante territorio. Va camino de ser muy grande. 

Este es el resumen de mi FIB 2014. Grande en compañerismo y amistad pero un poco menos en lo musical aunque me llevo grandes recuerdos y me he quitado la espinita de no haber podido ver a Paul Weller en 2009. En cualquier caso, un FIB es siempre un acontecimiento. Cuentan los nuevos dueños que este año han tenido que improvisar (se hicieron cargo en marzo) pero que para el año que viene preparan novedades y buscan recuperar el espíritu original que llevó al FIB a liderar el panorama festivalero español. Esa será otra historia, que me gustaría contar dentro de un año.

(fotos de Iñaki Espejo-Saavedra para Muzikalia)


domingo, 6 de julio de 2014

La otra historia de Gerry Goffin



Hace un par de semanas falleció Gerry Goffin, respetado letrista de canciones que alcanzó seguramente su cima haciendo pareja artística y sentimental con Carole King. Juntos escribieron algunos de los más grandes temas de la historia del pop, como "Will you still love me tomorrow", "The Loco-motion", "You make me feel like a natural woman" o "One fine day", canción seguramente más famosa por el supuesto plagio de George Harrison para "My sweet Lord" que por sí misma. La pareja se divorció en 1969, aunque siguieron trabajando juntos por algún tiempo. Esta es la historia que conoce todo el mundo y la que habréis visto mil veces escrita estos días. También habréis leído que "escribió éxitos para Whitney Houston" pero no, no lo hizo. A eso vamos dentro de un ratito.





El nombre de Gerry Goffin, como dije, estará siempre unido al de Carole King, y durante los 60 el que un tema viniera firmado por Goffin/King era casi invariablemente sinónimo de éxito. Sin embargo, menos conocida es la etapa posterior de Goffin trabajando con otros compositores después de romper definitivamente con Carole King. A principios de los 70 Goffin colaboró con gente como Wes Farrell (que ya había compuesto "Boys", tema que apareció precisamente como cara B del "Will you love me tomorrow" de The Shirelles y del que posteriormente los Beatles hicieron una versión en su debut) o Barry Goldberg, con el que firmó "I've got to use my imagination", gran éxito para Gladys Knight & The PipsSin embargo sus colaboraciones más fructíferas entre la segunda mitad de los 70 y primeros 80 fue las que le unieron a Michael Masser, que había trabajado para Motown y compuesto varias canciones para Diana Ross. Justamente les unió el tema principal de la película "Mahogany", película producida por Motown y Paramount para mayor gloria de la principal estrella femenina de la casa. Fue número 1, por supuesto. Comenzó así una colaboración que tuvo otro gran éxito en 1983 con "Tonight I celebrate my love for you" para Peabo Bryson y Roberta Flack.




Michael Masser por su parte había estado trabajando también en los 70 con la malograda compositora Linda Creed, que falleció bastante joven. Juntos compusieron una canción para la banda sonora de The Greatest, basada en la vida de Muhammad Ali y protagonizada por el propio boxeador y mito del deporte. La canción se llamó "The greatest love of all", y la cantó George Benson. No tuvo demasiada repercusión, pero años más tarde sí que llegó a lo más alto en la voz de Whitney Houston, en uno de sus primeros grandes éxitos. Masser repitió jugada años más tarde, esta vez ya junto a Goffin. Entre ambos crearon otra imponente balada para George Benson, pero de nuevo el gran cantante de jazz fracasó (relativamente) y la canción pasó bastante desapercibida. Pero, también de nuevo, el tema llegó al número 1 años más tarde. Un joven hawaiano que había ganado un concurso local de talentos grabó una versión del tema que escaló algo más allá del top-20 en los Estados Unidos pero que en otros países, principalmente en Europa (y en España), fue un pelotazo indiscutible a la vez que...ejem...bastante aborrecible para los que estábamos a otras cosas en los 80 pero en fin...el chaval tampoco tenía la culpa, al menos demostró bastante buen gusto para escoger artista al que imitar. Se trataba, sí, de Glenn Medeiros y su súper-hit "Nothing gonna change my love for you", que estuvo hasta en la sopa allá por 1987 pero que tenía ya unos cuantos añitos y cuya letra había sido escrita por el gran Gerry Goffin, aunque entonces casi nadie sabíamos ni una cosa ni la otra. 




Ah, el supuesto éxito que el difunto Goffin escribió para Whitney Houston fue, también junto a Masser, la canción "Saving all my love for you". Se trataba, una vez más, de otra balada emotiva pensada para un dueto masculino-femenino, en este caso el formado por Marilyn McCoo y Billy Davis Jr., allá por 1978. No consiguieron el éxito que cinco años más tarde lograron con Peabo Bryson y Roberta Flack, pero luego les compensó sobradamente el pelotazo (Masser debe tener un altar en su casa dedicada a la diva norteamericana) que tuvo la versión cantada por Whitney Houston


Michael Masser sigue vivo y entró en el Hall of Fame de los compositores hace unos años. Gerry Goffin, como dije al principio, falleció a mediados del pasado mes de junio convertido, desde hace ya décadas, en gran leyenda de la música. 

Os dejo con una playlist bastante completa que he encontrado en Spotify con canciones en las que intervino Goffin.


domingo, 15 de junio de 2014

1979


Estos últimos días he estado hablando mucho con mi mejor amigo sobre la música que escuchábamos en 1979. Podría haber sido 1980, o 1978, pero nos ha dado por hablar sobre 1979 porque aquel año se publicaron un buen puñado de singles que realmente nos marcaron y definieron de alguna forma la música que nos iba a gustar durante nuestros primeros años de adolescencia. Eran los años de los radiocasetes mono (¿o teníamos ya estéreo? no lo recuerdo) y de las cintas que nos íbamos pasando unos a otros, grabadas de la radio o de algunos amigos privilegiados que tenían ya una cadena musical comme il faut, con su tocadiscos y su doble pletina. 



Lógicamente en estos casos una gran parte de las canciones que recordamos de aquellos años tienen bastante más valor sentimental que el estrictamente musical. Hay excepciones, claro, canciones que han sobrevivido a 35 años de evolución personal y han aguantado el tirón, pero en general la mayoría tienen más que ver con recuerdos y emociones asociadas a aquellas tardes en su casa viendo la tele, intercambiando cómics de la Marvel, escuchando música, discutiendo de manera amistosa sobre su obsesión con las películas del oeste que yo, por entonces, no compartía en absoluto... Pero sobre todo de lo que más hablábamos era de cómo iba a ser nuestra vida. Nuestra ilusión entonces era, simplemente, tener una moto y poder salir de nuestro pequeño pueblo: poder ir al cine, a la discoteca, a los recreativos, al mercadillo de los viernes a cambiar cómics y comprar cintas de música sin depender de nuestros padres. 



Tengo la impresión de que una gran mayoría de los chavales que hoy tienen 13 años no entenderán, tal vez no podrán entender nunca, esa faceta generacional y vital de la música. Posiblemente se ha perdido en magia lo que se ha ganado en accesibilidad. Cuando en una tarde de descargas te puedes bajar discos enteros, canciones sueltas y recopilaciones de cualquier artista, época o género, el tiempo se disuelve y la historia de la música, asociada generalmente a la historia de las sociedades y a las historias particulares de las personas, pierde todo su significado. 



Hoy muchísimos padres y madres escuchan y disfrutan la misma música que sus hijos e hijas. Eso no es ni bueno ni malo en sí mismo, pero es evidente que el componente de rebeldía e identificación se ha perdido en buena parte. Hoy es complicado hacer una lista de canciones y decir: "este soy yo".



Bueno...pues si a alguien le interesa, este de aquí abajo era yo en 1979. 

(explicado en 25 canciones y sin repetir grupo/artista, más que nada para no estar aquí hasta las cinco de la mañana...)

domingo, 8 de junio de 2014

7º Aniversario de Música Para Leer

Hace 7 años, en junio de 2007, empecé este blog. Desde entonces he tenido épocas buenas, malas y peores que malas, pero he intentado con todas mis fuerzas mantenerlo vivo, a pesar de que en algunas ocasiones me he pasado meses sin publicar nada. Ahora cumple 7 años, que en el mundo virtual son muchos, muchísimos.

Quiero celebrar el 7º aniversario de Música Para Leer como cada año, con una lista de Spotify con las canciones más destacadas que han sonado en el blog en los últimos 12 meses. 

También quiero pedir que apoyéis al blog con vuestros comentarios, compartiendo entradas en las redes sociales, dándolo a conocer, opinando a favor o en contra... Este blog tiene la vocación de interaccionar con vosotros, además de ser una salida y un desahogo para mis opiniones y mis historias musicales. Escribo porque me gusta y porque lo necesito, pero, como dijo Larra, "Terrible y triste cosa me parece escribir lo que no ha de ser leído."

Gracias.


domingo, 4 de mayo de 2014

Robots cotidianos



We are everyday robots on our phones
in the process of getting home

El pasado martes tuve un examen de inglés. En la parte escrita me pidieron que hiciera una redacción de 200 palabras sobre la informática y las nuevas tecnologías, y de qué forma han modificado nuestra vida cotidiana en los últimos años. Lo primero que me vino a la cabeza fue la canción que ha publicado recientemente Damon Albarn, el líder de Blur, una canción que también da título a su excelente disco: "Everyday robots". Supongo que se podría traducir como robots comunes, o cotidianos. El tema de la canción, y del disco en general, es la deshumanización a la que el abuso de la tecnología nos está conduciendo. Al menos yo lo interpreto así, y de ello hablé en mi redacción.


We're everyday robots in control
in the process of being sold
driving in adjacent cars

Nadie puede dudar de las ventajas que las nuevas tecnologías han aportado a nuestras vidas. Hoy hacemos muchas cosas que hace sólo un par de décadas eran imposibles, y algunas otras tareas difíciles, por complicadas o repetitivas, son ahora mucho más sencillas de realizar. Si, hoy somos capaces de hacer cosas que unos años atrás ni soñábamos, pero... ¿qué hay de las cosas que hemos dejado de hacer?

Hemos hecho sencillo lo complicado, pero el precio que hemos pagado es hacer complicadas muchas cosas que antes eran sencillas.


- Estoy perdida. ¿Tiene eso arreglo?
Charlotte (Scarlett Johansson) en Lost In Traslation

Es paradójico: estamos más comunicados que nunca en la historia de la Humanidad, pero al mismo tiempo no conocemos a nuestros vecinos. Tenemos miles de amigos en las redes sociales, pero cuando estamos frente a frente con alguien no sabemos qué decirle. Los niños quedan en la escuela para después, pero no con la idea de verse en el parque o jugar al fútbol, sino para conectarse desde sus respectivas casas y chatear o jugar online. Pero si el problema se quedara sólo ahí, en el ámbito personal, podría considerarse una anécdota, aunque a mí personalmente me parezca bastante penosa la imagen de un montón de personas sentadas alrededor de una mesa, cada una de ellas absorta en su propio dispositivo móvil.

En 1996 el escritor uruguayo Eduardo Galeano escribió un artículo en Le Monde Diplomatique titulado "¿Hacia una sociedad de la incomunicación?". Posteriormente fue traducido al castellano y puede leerse en varios sitios web. Me llama la atención una frase: "Jamás la tecnología de las comunicaciones estuvo tan perfeccionada; y sin embargo nuestro mundo se parece cada día más a un reino de mudos." Hablamos de 1996: Internet todavía estaba en pañales y, aunque los más jóvenes no puedan concebir algo así, no existían las redes sociales. Por supuesto los móviles sólo se podían utilizar para hablar por teléfono, y ese avance tecnológico supuso una gran ventaja, al no tener que depender de un teléfono fijo para estar comunicado. En su artículo, de todos modos, Eduardo Galeano apuntaba más arriba y se refería a los medios de comunicación, a la acumulación de mucho poder en pocas manos, a la intromisión de los políticos en las grandes corporaciones, a la manipulación informativa y a la globalización de las ideas, conceptos todos ellos que, al combinarse entre sí, acaban conduciendo a la dictadura del pensamiento único. La frase que he reproducido más arriba me viene perfecta para ilustrar esta pequeña reflexión sobre la canción de Damon Albarn y su percepción sobre la situación a la que nos está llevando la tecnología. Mejor dicho, no la tecnología en sí misma, sino su mala utilización, el monopolio de los medios de comunicación y su mensaje unificador y despersonalizante.


Los amos de la información, en la era de la informática, llaman comunicación al monólogo del poder (Eduardo Galeano)


Es curioso que, hace casi 20 años, el propio Damon Albarn escribiera, en una de sus canciones de más éxito con Blur ("The Universal"), la frase: "No one here is alone, satellites in every home". Seguro que no podía imaginar cómo el tiempo acabaría por confirmar aquella profética frase.



Y es curioso porque, en otra canción del disco que nos ocupa, Damon Albarn dice "When I'm lonely, I press play". Sí, las redes sociales, los foros, los chats y las páginas de contactos ayudan a la gente a combatir la soledad. Al menos la alivian momentáneamente. Hay que distinguir, sin embargo, entre la soledad física y la, digamos, existencial. Cuando nos sentimos solos, a veces incluso a pesar de estar rodeados de gente, la solución tal vez no esté en intentar estar con más gente, aunque sea virtualmente. Igual sería mejor aprender a estar a solas con nosotros mismos, y no tener miedo de lo que podamos ver en nuestro interior. Sólo así podemos crecer como personas, si es eso realmente lo que nos interesa.